Los kelpers desafiaron a Trump y apelaron a la ONU para defender su postura sobre las Malvinas

La administración local de las Islas Malvinas reaccionó este sábado con contundencia ante la posibilidad de que Estados Unidos revise su histórico apoyo diplomático al Reino Unido en la disputa de soberanía con Argentina. En respuesta a la filtración del correo interno del Pentágono revelado por Reuters, el gobierno isleño apeló a la Carta de las Naciones Unidas y al referéndum de 2013 para defender su posición.
«La autodeterminación es un derecho humano fundamental consagrado en el artículo uno, párrafo dos, de la Carta de las Naciones Unidas», sostuvo un portavoz oficial. Y recordó que en ese plebiscito «el 99,8% eligió seguir siendo un territorio de ultramar del Reino Unido», en una consulta que el gobierno argentino rechaza por considerarla jurídicamente inválida. Los isleños afirmaron tener «plena confianza en el compromiso del Gobierno del Reino Unido de defender y respetar nuestro derecho a la autodeterminación.»
Las declaraciones fueron replicadas de inmediato por los principales medios británicos, entre ellos The Telegraph, The Times y The Independent, en un clima de creciente incertidumbre sobre el vínculo entre Londres y Washington. El gobierno de Keir Starmer salió a respaldar la postura isleña: un vocero de Downing Street fue categórico al señalar que la posición británica no cambió y que el derecho de los habitantes del archipiélago es «primordial.» El funcionario remarcó además que esa postura fue transmitida «de forma clara y coherente a las sucesivas administraciones estadounidenses.»
Del otro lado del Atlántico, el canciller Pablo Quirno rechazó las declaraciones de ambos al calificar la situación como una «situación colonial» que persiste desde 1833, en línea con el comunicado oficial que había publicado el día anterior. El presidente Milei también tomó la palabra: «Las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas», publicó en sus redes sociales.
El episodio marca una semana inusual en la historia de la disputa: por primera vez en décadas, el apoyo de Estados Unidos a la posición británica está siendo cuestionado desde Washington mismo, aunque el Departamento de Estado ratificó que su postura «sigue siendo de neutralidad.»
