4 septiembre, 2026

Comercios de San Luis en crisis: menos alquiler, menos empleados y más horas de trabajo para sobrevivir

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Con el consumo debilitado y los costos de alquiler, servicios y mercadería cada vez más difíciles de afrontar, comerciantes de San Luis y Villa Mercedes buscan alternativas para sostener sus negocios. Mudanzas a barrios, reducción de personal, compras mínimas y ventas por WhatsApp son algunas de las estrategias que describen para evitar el cierre.

“La cosa está brava y si no te salvás vos, no te salva nadie”. La frase resume el panorama que describen comerciantes consultados en distintos puntos de San Luis y Villa Mercedes, donde sostener un negocio se convirtió en una tarea que exige reducir gastos, trabajar más horas y buscar nuevas formas de vender.

Con el consumo debilitado y el aumento de los costos fijos, muchos pequeños comercios comenzaron a modificar su estructura para intentar mantenerse abiertos. Entre las principales estrategias aparecen la reducción de alquileres, el recorte de personal, el menor volumen de mercadería y el crecimiento de las ventas a través de redes sociales y WhatsApp.

Uno de los primeros gastos que algunos comerciantes decidieron recortar fue el alquiler. Mantener un local en las zonas comerciales más caras, especialmente en el centro, se volvió difícil de afrontar para determinados negocios.

Por eso, algunos trasladaron sus emprendimientos hacia calles de los barrios o zonas periféricas, donde aseguran que los alquileres pueden ser considerablemente menores. Otros directamente dejaron de tener un salón comercial y trasladaron la actividad a sus propias viviendas.

El modelo también cambió. Las ventas se coordinan por WhatsApp, catálogos digitales y redes sociales, mientras que los pedidos son entregados muchas veces por los propios dueños, en moto o automóvil.

“Si cobro el envío no me compra nadie”, es una de las frases que, según los comerciantes consultados, refleja el esfuerzo por mantener los precios finales lo más bajos posible.

La energía eléctrica es otro de los gastos que obliga a revisar el funcionamiento diario de los negocios. Algunos comercios reemplazaron las lámparas tradicionales por iluminación LED, redujeron la potencia contratada y limitaron el uso de determinados equipos durante la noche.

En almacenes y fiambrerías, por ejemplo, algunos comerciantes aseguran que reorganizan el funcionamiento de las heladeras para reducir el consumo, siempre dentro de las posibilidades que permite la conservación de los productos.

El ajuste también llegó al personal. Comerciantes consultados describen una reducción de empleados mediante despidos o, en otros casos, la decisión de no reemplazar a quienes dejaron sus puestos.

El resultado es que el propio dueño termina ocupando funciones que antes estaban distribuidas entre varias personas. También aparecen familiares que se incorporan al negocio para sostener la atención.

“Si no estás vos en el mostrador, esa venta se pierde”, cuentan algunos comerciantes, que aseguran haber extendido sus jornadas laborales e incluso abierto durante los domingos para intentar compensar el menor movimiento.

Comprar menos para poder seguir vendiendo

La forma de abastecerse también cambió.

El tradicional viaje al mayorista para reponer grandes cantidades de mercadería dejó paso, en muchos casos, a compras más pequeñas y frecuentes. La prioridad es adquirir solamente lo necesario para los próximos días y evitar inmovilizar dinero en productos que podrían tardar en venderse.

Algunos comerciantes también negocian con sus proveedores condiciones de pago más flexibles, con la posibilidad de cancelar la mercadería una vez concretadas las ventas.

La lógica es simple: menos stock y más rotación.

El problema es que esta estrategia también limita la capacidad de ofrecer variedad y obliga a los comercios a controlar cada vez más de cerca qué productos tienen salida y cuáles permanecen en las estanterías.

Mientras tanto, el teléfono celular se convirtió en una de las principales herramientas comerciales.

Los estados de WhatsApp funcionan como una vidriera permanente, los catálogos digitales reemplazan parte de la exhibición tradicional y los mensajes directos se transformaron en una vía habitual para recibir pedidos.

El delivery, en muchos casos, tampoco queda en manos de terceros: lo realiza el propio comerciante para evitar sumar otro costo a la operación.

Así, el esquema que describen los comerciantes es cada vez más austero: locales más pequeños o directamente sin salón, menos empleados, menor stock, reducción del consumo energético y más horas de trabajo de los propios dueños.

No se trata solamente de vender más, sino de gastar menos para poder continuar.

En San Luis y Villa Mercedes, los pequeños comercios buscan adaptarse a un escenario que, según los testimonios recogidos, los obliga a cambiar la manera en que alquilan, compran, trabajan y venden.

El objetivo es uno solo: mantener las persianas levantadas y atravesar una etapa en la que cada venta puede resultar determinante para sostener el negocio.

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