26 agosto, 2026

Venden cuatro pingüinos por USD 40.000 en medio de la quiebra del Aquarium de Mar del Plata

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Cuatro pingüinos de penacho amarillo del ex Aquarium de Mar del Plata fueron incluidos como “bienes de cambio” y tasados en USD 40.000 dentro del proceso de quiebra de la empresa. La valuación está condicionada a una eventual operación con un comprador del exterior y generó críticas de organizaciones proteccionistas, que cuestionan que animales silvestres puedan ser tratados como bienes a liquidar.

Cuatro pingüinos de penacho amarillo que permanecen en el predio del ex Aquarium de Mar del Plata fueron tasados en USD 40.000 dentro del proceso de quiebra de la empresa que administraba el complejo. Los ejemplares fueron incluidos en el inventario judicial como “bienes de cambio”, una decisión que generó críticas de organizaciones dedicadas a la protección de la fauna.

La valuación forma parte del inventario elaborado durante el proceso de liquidación de Plunimar S.A., la compañía que gestionaba el Aquarium. Sin embargo, los USD 40.000 están sujetos a una condición: la cifra solo sería considerada en caso de concretarse una venta a un interesado del exterior. Hasta el momento no existe una operación cerrada ni se informó la identidad de un eventual comprador.

El Aquarium de Mar del Plata cerró sus puertas en marzo de 2025, después de que The Dolphin Company, la multinacional mexicana que controlaba Plunimar S.A., no renovara el contrato de alquiler del terreno que ocupaba desde 1993 en la zona de Punta Mogotes.

La falta de ingresos y las deudas acumuladas llevaron a la empresa a entrar en cesación de pagos en enero de 2026. El 20 de febrero fue declarada en quiebra y comenzó el proceso judicial para determinar el destino de los activos y afrontar las obligaciones pendientes.

Los cuatro pingüinos de penacho amarillo son los únicos animales que quedaron incluidos en el inventario con una valuación económica específica. En el predio permanecen además otros 55 ejemplares, entre ellos pingüinos de Magallanes y pingüinos rey, cuyo destino deberá resolverse dentro del proceso judicial. La alternativa planteada es su donación o relocalización.

Mientras tanto, un grupo de 12 trabajadores continúa a cargo de la alimentación y el cuidado de los animales que permanecen en las instalaciones.

La inclusión de los pingüinos como bienes susceptibles de ser considerados dentro de la liquidación provocó el rechazo de organizaciones proteccionistas. Juan Lorenzani, presidente de la Fundación Fauna Argentina, cuestionó la posibilidad de que animales silvestres sean tratados como activos económicos en una quiebra.

“Está prohibida la venta y comercialización de especies silvestres en nuestro país”, afirmó Lorenzani al referirse al caso.

Desde la fundación ya realizaron presentaciones ante la Fiscalía para solicitar que los ejemplares autóctonos no sean considerados bienes destinados a la liquidación. Según señalaron, esos planteos todavía no avanzaron y anticiparon nuevas presentaciones judiciales.

El debate ahora se concentra en determinar qué puede ocurrir con los cuatro pingüinos: si existe la posibilidad de trasladarlos a otro establecimiento, si pueden ser transferidos mediante mecanismos autorizados o si corresponde avanzar con otras alternativas para garantizar su bienestar y conservación.

El caso tiene además un antecedente reciente. A fines de 2025, diez delfines que pertenecían al Aquarium fueron trasladados a un acuario de Egipto en una operación valuada en USD 800.000. Según trascendió, los fondos obtenidos fueron destinados al pago de salarios.

Los lobos marinos que permanecían en el complejo tuvieron otro destino y fueron trasladados a establecimientos de Mundo Marino y República Dominicana.

Mientras se define qué sucederá con los animales que todavía permanecen en el ex Aquarium, el proceso de quiebra continúa y también se mantiene la disputa por el predio de nueve hectáreas ubicado en Punta Mogotes. Los propietarios del terreno reclaman su restitución luego del cierre definitivo del complejo.

El caso de los cuatro pingüinos abrió así una discusión que excede el proceso comercial: determinar hasta dónde puede llegar una liquidación judicial cuando entre los activos de una empresa aparecen animales vivos y qué marco legal debe prevalecer para definir su destino.

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