
La presencia de San Luis en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires quedó envuelta en cuestionamientos por la baja convocatoria en su stand y los elevados viáticos percibidos por la comitiva oficial.
Ubicado en el predio de la Sociedad Rural de Palermo y compartido con San Juan y Mendoza, el espacio puntano mostró escaso movimiento de público durante los primeros días, a pesar de las 30 presentaciones anunciadas por el Gobierno provincial.
El contexto no resulta ajeno a los datos del sector: la Cámara Argentina del Libro ubicó a San Luis entre las provincias con menor actividad editorial en el último año, un indicador que se reflejó en la limitada visibilidad de su propuesta en el evento.
La situación generó malestar entre autores locales, quienes cuestionaron la falta de difusión de las actividades y la poca claridad en los criterios de selección. Algunos incluso señalaron que no fueron notificados sobre su exclusión, pese a haber sido publicados por el sello estatal.
Uno de los casos expuestos fue el de un escritor de San Francisco del Monte de Oro, que tras no ser convocado inicialmente debió ser incorporado a último momento, sin promoción previa.
En paralelo, también surgieron críticas por los costos de la delegación. Funcionarios del área de Cultura perciben viáticos cercanos a los 270 mil pesos diarios durante los 20 días que dura la feria, lo que representa ingresos adicionales millonarios por su participación.
A esto se suma que los gastos de traslado, alojamiento y manutención están cubiertos, mientras que los viáticos son financiados a través del Consejo Federal de Inversiones.
Además, trascendieron restricciones para la publicación de contenido en redes sociales por parte de algunos funcionarios, lo que alimentó cuestionamientos sobre la transparencia del viaje.
En este escenario, la participación de la provincia deja un balance atravesado por críticas, con dudas sobre el impacto cultural real frente a los recursos destinados.
