
Por Alejo Pombo
No mencionó a Irán. No mencionó a Israel. No mencionó a Estados Unidos. Y sin embargo, habló de todo eso.
León XIV celebró este domingo su primera misa de Pascua como Papa desde un altar al aire libre en la plaza de San Pedro, rodeado de rosas blancas y con miles de fieles concentrados entre plantas perennes de primavera. Eligió no seguir la tradición de los pontífices —que suelen usar el discurso de Pascua para repasar los focos de tensión internacional uno por uno— y optó en cambio por un enfoque global que, en el contexto de la escalada bélica en Medio Oriente, resultó más elocuente que cualquier mención directa.
«Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos», dijo el Papa ante los fieles reunidos en el Vaticano. La frase no señaló a ningún gobierno. Señaló a todos.
El diagnóstico y la convocatoria
León XIV construyó su homilía sobre una imagen precisa: la muerte que no llega solo en los campos de batalla sino también «en las injusticias, en el egoísmo partidista, en la opresión de los pobres, en la falta de atención que se presta a los más vulnerables». Luego amplió la imagen: «Lo vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva desde cada rincón por los abusos que aplastan a los más débiles entre nosotros, por la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, por la violencia de la guerra que mata y destruye.»
El mensaje fue de denuncia, pero terminó en convocatoria. León XIV anunció que el próximo sábado 11 de abril se realizará en la basílica de San Pedro una vigilia de oración por la paz, un gesto concreto que convierte el discurso en acción y que marca una de las primeras iniciativas propias de su pontificado.
El dato que no es menor
León XIV es el primer papa nacido en Estados Unidos. Su país de origen es uno de los protagonistas centrales de la guerra que sacude Medio Oriente. Que el pontífice haya elegido no nombrar ese conflicto de manera explícita —siendo estadounidense, en el día de Pascua, con el mundo mirando— es en sí mismo una declaración. Una que deja abierta la interpretación pero que cierra con una certeza: el papa quiere hablar de paz, y el 11 de abril tendrá una nueva oportunidad para hacerlo.
