Pobres que trabajan más horas, repartidores sin futuro y salarios que no alcanzan: la crisis laboral en números
El 59% de los pobres trabaja y aun así no llega a la canasta básica. Los repartidores de apps son el nuevo refugio de quienes perdieron el empleo formal, pero el 42% tampoco llega a fin de mes. Con salarios que caen, desempleo en alza y morosidad récord, la crisis laboral ya afecta a toda la economía.

Por Alejo Pombo
Un fenómeno hasta ahora silencioso comienza a hacerse visible: la crisis del mercado laboral golpea simultáneamente a trabajadores formales, informales y cuentapropistas, desafiando el relato de que el desempleo se explica por falta de educación o voluntad de trabajar. El 59% de las personas pobres en edad de trabajar ya tiene empleo —en construcción, comercio e industria— y aun así no logra cubrir la canasta básica, según un informe de Futuros Mejores.
Los datos rompen lugares comunes: los pobres trabajan en promedio 41,8 horas semanales, más que los no pobres, que promedian 40,2. La diferencia no está en las horas sino en la formalidad: solo el 41% de los trabajadores pobres está en blanco, contra el 82% de los no pobres. Solo el 7,9% de las personas pobres en edad de trabajar están desempleadas.
En ese contexto, las aplicaciones de delivery funcionaron como válvula de escape, pero también están mostrando sus límites. Según un relevamiento del Centro de Estudios Renacer Argentina y la Universidad de San Martín, el 40,2% de los repartidores eligió ese trabajo porque había perdido el empleo y no encontraba otro, el 50% trabaja más de ocho horas diarias y al 42,3% los ingresos no le alcanzan para llegar a fin de mes. Casi dos tercios aceptarían un trabajo formal si pudieran, y el 70% no se imagina haciendo lo mismo en cinco años.
El desempleo trepó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, con una suba de 1,1 puntos interanuales. Los salarios formales subieron apenas 2% en enero frente a una inflación del 2,8%, acumulando una caída del 7,9% desde que asumió Milei. La caída de los ingresos ya no es solo un problema de las familias: golpea a los bancos con morosidad récord y deprime la demanda en la industria, la construcción y el comercio.
