Crisis en la industria textil: la producción cayó 24,4% y el sector reclama frenar la “competencia fraudulenta”
La industria textil argentina profundizó su crisis durante el primer semestre de 2026: la producción cayó 24,4% interanual y la utilización promedio de la capacidad instalada se ubicó en torno al 39%. Las entidades empresarias cuestionan el impacto de la apertura comercial y advierten sobre una fuerte suba de las importaciones de indumentaria y productos terminados.

Los números de 2026 muestran la magnitud del retroceso.
La producción textil acumuló una baja del 24,4% durante los primeros seis meses del año, mientras que la industria manufacturera en su conjunto retrocedió 2,2%. En junio, la actividad textil cayó 15,9% interanual.
El segmento de tejidos y acabados fue uno de los más golpeados, con una contracción acumulada del 36,3%.
La diferencia respecto del resto de la industria también aparece en la utilización de las instalaciones. Un análisis comparativo basado en datos del INDEC ubicó el promedio semestral del sector textil en torno al 39,2%, frente a niveles considerablemente superiores en otras ramas manufactureras.
El último dato mensual disponible para junio llevó la utilización al 46,6%, aunque todavía dejó al sector con una elevada proporción de capacidad ociosa.
Un problema que también impacta en el empleo
El retroceso productivo ya comenzó a trasladarse al mercado laboral.
Según el informe mensual de FITA difundido en septiembre, la cadena textil, de confección, cuero y calzado perdió 16.244 puestos de trabajo registrados en el último año, mientras que desde diciembre de 2023 la pérdida acumulada alcanza los 26.851 empleos formales, de acuerdo con los datos citados por la entidad.
El deterioro también alcanzó a la cantidad de establecimientos activos y a la inversión, configurando un escenario que las cámaras empresarias consideran difícil de revertir si no mejoran las condiciones de competitividad.
La propia FITA sostuvo recientemente que la transición desde la estabilización macroeconómica hacia el crecimiento no debería producir una destrucción de capacidades productivas necesarias para una futura recuperación.
La disputa por el modelo productivo
La discusión sobre el sector textil excede las cifras de importaciones y producción. En el fondo, pone en debate qué lugar ocupará la industria nacional dentro del nuevo esquema económico.
Para las entidades empresarias, la apertura comercial necesita controles y condiciones que permitan sostener la producción local, el empleo formal y la inversión.
Para el Gobierno, en cambio, la reducción de trabas al comercio exterior forma parte de una estrategia destinada a aumentar la competencia, facilitar el acceso a bienes y reducir costos.
Mientras esa discusión continúa, los indicadores del sector muestran un deterioro significativo: la producción cae, la capacidad instalada permanece parcialmente ociosa y las importaciones de determinados productos terminados avanzan con fuerza.
La industria textil reclama ahora que la apertura comercial no se transforme en una desventaja estructural para los fabricantes argentinos y exige reglas que, según plantea, permitan competir en condiciones más equilibradas.
