23 abril, 2026

Corredores subterráneos, potasio y fósiles marinos a 2.000 metros: los hallazgos que reavivan la búsqueda del Arca de Noé

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Un equipo de investigadores independientes asegura haber detectado bajo la formación de Durupinar, en Turquía, estructuras subterráneas que podrían corresponder al Arca de Noé: corredores, un «atrio» central, niveles anómalos de potasio y fósiles marinos a gran altitud.

A los pies del monte Ararat, en el este de Turquía, un equipo de investigadores independientes asegura haber detectado estructuras subterráneas que podrían corresponder a los restos del Arca de Noé. Las declaraciones de Andrew Jones, responsable del proyecto Noah’s Ark Scans, en una entrevista con el canal británico GB News, volvieron a encender el debate entre quienes creen que el mito bíblico tiene un correlato real y la comunidad científica, que mayoritariamente considera el sitio una formación geológica natural.

El foco del estudio es la formación de Durupinar, una estructura con forma de barco ubicada a unos 20 kilómetros al sur del Ararat, históricamente vinculada al relato del Génesis. Mediante tecnología de radar de penetración terrestre, el equipo detectó lo que describe como una red de pasillos y cavidades subterráneas. «Estos espacios no parecen aleatorios. Siguen un patrón claro», afirmó Jones, quien identificó corredores que convergen en un espacio central —una especie de «atrio»— cuya disposición evocaría la estructura interna que, según la tradición bíblica, tenía el Arca.

A los datos de radar se suman estudios con tecnología infrarroja que reforzarían, según el equipo, la hipótesis de un casco de barco enterrado, y análisis químicos que detectaron niveles inusuales de potasio y materia orgánica en la zona, interpretados como posibles rastros de la descomposición de madera a lo largo de milenios. También llama la atención la presencia de fósiles marinos, corales y conchas en una zona montañosa de gran altitud, datos que Jones vincula con la narrativa del diluvio universal.

El investigador, sin embargo, fue cauteloso en sus conclusiones. «Los indicios muestran que hay más por encontrar», afirmó, descartando afirmaciones categóricas y proyectando el uso de robots para explorar el subsuelo en futuras etapas. Noah’s Ark Scans es una organización independiente que combina exploración de campo, publicación de datos en su plataforma digital y colaboración internacional. El proyecto ya organizó simposios con académicos de distintas disciplinas y promueve campañas de financiamiento colectivo.

La postura de la comunidad científica es distante. Investigaciones previas concluyeron que la formación de Durupinar es un fenómeno geológico natural y que su apariencia «de barco» responde a la pareidolia —la tendencia humana a reconocer formas familiares en objetos aleatorios—. La ausencia de madera, artículos manufacturados o cualquier evidencia material directa sigue siendo el principal argumento de los escépticos.

Jones lo admite a su manera: la respuesta, por ahora, todavía está enterrada bajo la montaña.

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