Argüello acusó a gobernadores peronistas de «vender la dignidad por asfalto»
Octavio Argüello (CGT) lanzó duras acusaciones contra los mandatarios provinciales que acompañaron la reforma laboral en el Congreso, señalando que «entraron por el voto peronista» pero negociaron derechos a cambio de obras públicas menores. El dirigente defendió la contundencia del último paro, calificó la reforma como un retroceso al siglo XX y reconoció que el peronismo atraviesa una crisis de representatividad profunda, debilitado por los errores del gobierno anterior.

Por Alejo Pombo
La CGT atraviesa un momento de introspección forzada por la realidad legislativa. Octavio Argüello, una voz de peso en la central obrera, no ocultó su malestar por el rol de los gobernadores peronistas en la aprobación de la reforma laboral. Con una frase mordaz, resumió el malestar de la cúpula sindical: «No se puede vender la dignidad del pueblo por una zanjacuneta». Según el dirigente, el acompañamiento de estos sectores dejó a los trabajadores en una situación de «indefensión» total.
Más allá de la crítica externa, Argüello realizó un análisis crudo de la «batalla cultural». Admitió que el oficialismo ha logrado que el sector informal de la economía —hoy mayoritario— perciba al trabajador bajo convenio no como un igual, sino como alguien con privilegios injustificados. Esta fractura social, sumada al «fracaso político muy profundo» del gobierno de Alberto Fernández, es lo que, según su visión, permitió que el modelo de Javier Milei ganara terreno en sectores que históricamente eran bastiones peronistas.
Respecto a la reforma, el dirigente alertó sobre el desequilibrio de poder que genera el banco de horas y la eliminación de protecciones históricas. «Es una locura pensar que un empleado puede negociar de igual a igual con su patrón qué horario trabajar», sostuvo. Para Argüello, la unidad de la CGT está garantizada, pero el vacío de liderazgo político en el peronismo es lo que impide frenar el avance de leyes que califica como «regresivas».
