El crimen de Fernando Gil: Lo golpearon, lo tiraron al pozo y buscaron en Google si flotaría
La Justicia de San Luis imputó este viernes a cuatro miembros de la familia Agüero por el crimen de Fernando Gil, el joven de 24 años hallado ahogado en un pozo de una cantera el 6 de abril. La hipótesis fiscal reconstruye que Fernando entró al predio desorientado por el alcohol en la madrugada del 3 de abril, fue golpeado por los tres hombres de la familia y arrojado al pozo inconsciente.

Salió a esperar un Uber a las 5:46 de la mañana, se desorientó por el alcohol y entró a una cantera. Nunca salió. Este viernes, 58 días después, la Justicia imputó a cuatro personas por su muerte. La clave fue una búsqueda en Google: «¿cuánto tarda en flotar cuando está muerto?»
Este viernes 29 de mayo, la Justicia de San Luis formalizó los cargos contra los cuatro detenidos por el crimen de Fernando Edilson Gil, el joven de 24 años hallado sin vida el 6 de abril en una cantera de la zona sur de la capital puntana, 54 días después de ocurridos los hechos. En la audiencia ante el Juzgado de Garantías N°2, Walter Daniel Agüero, Damián Emanuel Agüero y Leonardo Alberto Agüero fueron imputados como coautores de homicidio doblemente calificado por alevosía y concurso premeditado de dos o más personas. Rosa Noemí Giménez, novia de uno de los Agüero, fue acusada como partícipe secundaria del mismo delito. Todos se abstuvieron de declarar. La defensa solicitó la prórroga de ocho días prevista por ley para estudiar el caso.
La noche del 2 de abril: la última vez que Fernando estuvo vivo
La reconstrucción que presentó la Fiscalía —a cargo del fiscal Javier Amitrano y la fiscal adjunta Antonella Romagnoli— comienza a las 18:38 del 2 de abril. Fernando Gil estaba en su vivienda del Barrio 24 Viviendas. Vestía camiseta y campera de la Selección Argentina, jean claro y zapatillas negras. Recibió una invitación de un amigo para una cena con partido de fútbol en una vivienda sobre la Ruta Nacional 146. Tomó un Uber y llegó alrededor de las 19.
Durante la velada salieron en distintos momentos a comprar bebidas y comida. Cerca de la medianoche, varios de los presentes se retiraron. Fernando y el dueño de casa se quedaron solos hasta las 2:40, cuando salieron a comprar nuevamente. La propietaria del comercio que los atendió declaró que ambos se encontraban en estado de ebriedad visible.
El Uber que nunca llegó
A las 5:24 de la madrugada del 3 de abril, Fernando solicitó un Uber para regresar a su casa. La aplicación asignó conductor y vehículo. A las 5:46, Fernando y el dueño de casa salieron a esperarlo. El hombre volvió brevemente al interior para ir al baño. Cuando salió, Fernando ya no estaba. Asumió que había abordado el viaje. Pero eso nunca ocurrió.
El punto de encuentro con el conductor estaba a unos 150 metros. Fernando, según la hipótesis fiscal sostenida por el informe toxicológico —que reveló presencia de sustancias compatibles con intoxicación severa—, caminó en dirección contraria. Cruzó la Ruta Nacional 146. Y entró al predio donde vivía la familia Agüero. Ese movimiento quedó registrado por cámaras de seguridad de un vecino lindante: las imágenes muestran a las 5:47 a una persona con las mismas características físicas y de vestimenta de Fernando ingresando al lugar. El predio no tenía cierre perimetral. En su interior funciona una cantera de lavado de áridos.
La hipótesis del ataque
En ese momento, según la Fiscalía, Leonardo Agüero ya estaba despierto preparándose para trabajar. Los perros comenzaron a ladrar. El resto de la familia se despertó. Walter Agüero, Damián Agüero y Leonardo Agüero salieron al patio. Según la acusación, al advertir la presencia de Fernando dentro del predio creyeron que intentaba robar. Lo que ocurrió después es el núcleo de la imputación: los tres hombres lo redujeron, lo golpearon en el rostro y, cuando estaba inconsciente pero aún con vida, lo arrojaron a un pozo de agua ubicado a unos 80 metros de la vivienda. El pozo tenía aproximadamente cuatro metros de profundidad. La necropsia determinó que Fernando murió por «síndrome asfíctico secundario a sumersión»: ahogamiento. El cuerpo presentaba además más de 40 lesiones y signos evidentes de defensa: había luchado.
Las llamadas al 911 y la maniobra de encubrimiento
Según la Fiscalía, inmediatamente después del hecho comenzó una maniobra para ocultar lo ocurrido. Leonardo Agüero le pidió a Rosa Noemí Giménez que llamara al 911. A las 5:56 realizó la primera comunicación: dijo que una persona había intentado ingresar al domicilio y que la «tenían retenida». Ante la demora policial, a las 6:05 realizó una segunda llamada. El relato cambió: esta vez dijo que alguien había intentado robar y que «se había caído a un pozo.»
Dos mujeres del grupo familiar salieron hacia la ruta con las linternas de sus teléfonos para guiar a los efectivos. A las 6:07, la policía llegó. Walter Agüero los recibió con una descripción de la ropa del supuesto intruso que modificó durante el relato — primero oscura, luego clara. Los tres hombres acompañaron y condicionaron el recorrido policial, argumentando dificultades del terreno para evitar que los efectivos llegaran al sector del pozo. A las 6:34, la policía se retiró sin haber encontrado nada.
La búsqueda en Google que lo cambió todo
El mismo 3 de abril, a las 10:58, Rosa Giménez envió un audio de WhatsApp a Leonardo Agüero: «Hace rato fuimos con tu mamá y tu papá a mirar para allá… y no se ve nada… y aparte miramos bien y se ven como rastros… como que el vago ha salido…»
A las 18:32 del mismo día, desde el teléfono de Giménez apareció una búsqueda en Google: «cuánto tarda para flotar en el agua». Catorce segundos después, la búsqueda fue corregida. La nueva consulta decía: «cuánto tarda para flotar en el agua cuando está muerto.» Esas búsquedas habían sido eliminadas del dispositivo. La Fiscalía logró recuperarlas del teléfono y de la nube digital asociada.
El hallazgo del cuerpo y los chats recuperados
El lunes 6 de abril, trabajadores de la cantera llegaron al predio. Walter y Leonardo Agüero permanecieron en el sector conversando con los empleados. En un momento, Walter mencionó que días antes habían llamado a la policía porque alguien había ingresado y que los efectivos habían iluminado «para el lado contrario al pozo.» Horas después, cerca de las 13:30, Walter acompañó a un trabajador al sector de la bomba de agua y señaló que había algo parecido a «un bulto» flotando. El trabajador confirmó que era un cuerpo. Walter llamó al 911. La policía llegó y, al ver la vestimenta, constató que era Fernando Gil.
Del análisis de un teléfono secuestrado durante la investigación, la Fiscalía recuperó una conversación de WhatsApp del 6 de abril con mensajes eliminados. Entre los fragmentos figuran: «Encontraron el cuerpo»; «Ahora vamos a ir a ver para el pozo»; «Ya lo van a encontrar.»
Lo que viene
La defensa tiene ocho días para estudiar el caso antes de la próxima instancia procesal. El abogado querellante Hanna Abdallah sintetizó el trabajo investigativo: «Se trabajó mucho en silencio para no entorpecer la causa. Lo clave fue el trabajo de Delitos Complejos, donde determinaron, a través de los teléfonos celulares, que se encontraron elementos como mensajes borrados en la fecha del hecho, los cuales vincularon directamente a estas personas que hoy están imputadas.»
