Trump declaró victoria sobre Irán pero pidió ayuda: la paradoja del estrecho de Ormuz
Donald Trump exigió este sábado a las principales potencias consumidoras de petróleo que envíen buques de guerra para proteger el estrecho de Ormuz, por donde circula normalmente el 20% del suministro global y cuyo tráfico colapsó de 1.229 a 77 embarcaciones en lo que va de marzo. En paralelo, Irán amenazó con atacar empresas estadounidenses en la región y lanzó misiles contra la embajada de EE.UU. en Bagdad. La ONU y Macron llamaron al diálogo, pero la escalada no muestra señales de freno.

Por Alejo Pombo
En lo que va de marzo, solo 77 barcos cruzaron el estrecho de Ormuz. El año pasado, en el mismo período, fueron 1.229.
Ese número, registrado por Lloyd’s List Intelligence, es quizás la estadística más elocuente de lo que está en juego en el conflicto que ya entró en su tercera semana. Por ese corredor de agua —que conecta el Golfo Pérsico con el de Omán en apenas 33 kilómetros en su punto más angosto— circula normalmente cerca de una quinta parte del suministro global de petróleo.
Hoy, ese flujo está casi paralizado.
Fue en ese contexto donde Donald Trump eligió este sábado hacer uno de sus movimientos más reveladores desde el inicio del conflicto: en lugar de asumir la carga operativa de mantener abierto el estrecho, la distribuyó. Reclamó públicamente que los países que dependen del petróleo que pasa por Ormuz —China, Francia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido entre los más expuestos— envíen buques de guerra y asuman su parte de la responsabilidad.
Victoria proclamada, amenaza vigente
La declaración de Trump llegó con una contradicción interna que no pasó desapercibida. «Estados Unidos ha vencido y aniquilado por completo a Irán, tanto militar como económicamente», escribió en su red Truth Social. Pero en el mismo mensaje admitió que Irán todavía conserva capacidad para realizar ataques limitados mediante drones, minas y misiles de corto alcance. Y advirtió que las operaciones militares estadounidenses en la zona continuarán.
Proclamar la victoria y pedir refuerzos al mismo tiempo es una tensión difícil de sostener. Pero Trump la sostuvo, y cerró con una promesa: «De una forma u otra, pronto lograremos que el estrecho de Ormuz esté abierto, seguro y libre.»
Irán responde con una amenaza de escala regional
Mientras Trump hablaba de victoria, Teherán escalaba. El canciller iraní Abbas Araghchi advirtió que su país responderá con ataques directos contra instalaciones de empresas estadounidenses en Medio Oriente si los bombardeos contra la infraestructura energética iraní continúan. La amenaza no apunta solo a objetivos militares: incluye activos privados y compañías en las que Estados Unidos tenga participación accionaria, lo que amplía el radio potencial del conflicto hacia el terreno económico y corporativo.
La noche anterior había dejado otra señal de la misma escalada: un ataque iraní con misiles contra la embajada estadounidense en Bagdad obligó a Washington a emitir una alerta de seguridad urgente, pidiendo a todos sus ciudadanos abandonar Irak de inmediato.
Las voces que piden salida
En el otro extremo del tablero, las señales diplomáticas intentaron abrirse paso entre el ruido de los bombardeos. El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a Israel y a Hezbollah que abandonen la lógica militar y recurran al diálogo. Emmanuel Macron fue más concreto: instó a ambas partes a entablar discusiones directas y ofreció París como sede de negociaciones.
Son voces que, por ahora, hablan más alto en los comunicados que en el terreno. La guerra lleva tres semanas, el estrecho de Ormuz está casi paralizado, una embajada fue atacada y el canciller iraní acaba de ampliar el mapa de objetivos posibles. El diálogo, si llega, tendrá que abrirse camino en un escenario donde cada jornada agrega nuevas capas de daño difícil de revertir.
