21 mayo, 2024

Se canceló la reunión de consejo directivo y la central obrera anunció que mantendrá «el estado de alerta» sin medidas de fuerza.

La Confederación General del Trabajo (CGT) finalmente no se reunirá con el consejo directivo para resolver nuevos pasos a seguir tras el ataque a la vicepresidenta Cristina Kirchner, por lo que quedó desechada la idea de ir a un paro general.

Por Gabriel Rodríguez

La Confederación General del Trabajo (CGT) finalmente no se reunirá con el consejo directivo para resolver nuevos pasos a seguir tras el ataque a la vicepresidenta Cristina Kirchner, por lo que quedó desechada la idea de ir a un paro general.

La negociación iba a girar en torno a una medida de fuerza propia para el próximo miércoles 7 de septiembre, algo que se terminó por descartar por falta de apoyo de la mayoría de los sindicalistas.

«Frente a la respuesta contundente de los trabajadores a la convocatoria efectuada y por las razones expuestas en la última reunión, corresponde dar por superada la reunión del Consejo Directivo convocada para el día de hoy, seguir la evolución de los acontecimientos y mantener el estado de alerta», informaron desde la central obrera a través de un comunicado oficial.

De esta forma, triunfó la voluntad del ala conservadora, representada por los triunviros Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (Estaciones de servicios) frente a los sectores más combativos y ligados con el kirchnerismo que encarna el tercer cogobernante cegetista Pablo Moyano.

Paro general con movilización era la propuesta que buscó motorizar sin éxito el camionero, cuyo directiva política cada vez dista más de sus pares en el poder de la central obrera.

Desde los sindicatos que integran las facciones de «los gordos», «los barrionuevistas» e «independientes» sostuvieron que el apoyo institucional de la CGT a Cristina Kirchner, quien siempre se mostró distante del sindicalismo tradicional, fue el adecuado.

Primero, con la publicación de una carta en la que rechazaba el «show mediático» de la causa Vialidad por corrupción que enfrenta de sus años como mandataria y, luego, con el inmediato respaldo al ataque que sufrió la vicepresidenta a manos de un hombre armado en su domicilio en Recoleta.