12 abril, 2024

Scioli y De Pedro avanzan con sus armados y desde el frente renovador siguen empujando a Massa

El Frente Renovador realizará un congreso partidario el próximo sábado y desde las bases activarán el operativo clamor para que de allí salga una precandidatura presidencial del líder de esa fuerza política.

Por Ale Pombo

La interna del Frente de Todos empieza de a poco a tomar forma, empezando con Eduardo «Wado» de Pedro, quien tras ser avalado recientemente por Cristina Kirchner como representante de una nueva camada de líderes que son «hijos de la generación diezmada», aceleró su instalación y se embarcó en un frenesí de reuniones con diversos actores de la vida política, social y gremial en la búsqueda de adhesiones.

Del otro lado, Daniel Scioli, el candidato incómodo y no deseado por el kirchnerismo, que empezó a armar listas en varios distritos del país, incluida la provincia de Buenos Aires con Victoria Tolosa Paz como aspirante a la gobernación, y la ayuda de otros cuadros políticos del albertismo residual como el canciller Santiago Cafiero y el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández.

Y no se puede aún descartar al ministro de Economía, Sergio Massa, pese a que en más de una oportunidad condicionó su participación electoral a que no haya competencia en las PASO, un escenario casi imposible por el desafío abierto por Scioli.

El Frente Renovador realizará un congreso partidario el próximo sábado y desde las bases activarán el operativo clamor para que de allí salga una precandidatura presidencial del líder de esa fuerza política.

En un escalón por debajo aparecen otros potenciales precandidatos como Agustín Rossi, quien se lanzó el lunes pasado, y Juan Grabois, que de todos modos anticipó que bajaría su postulación si se confirma la candidatura de Wado de Pedro.

El gran desafío de este camporista «línea moderada» es romper el piso de desconocimiento que tiene a nivel nacional, y solamente podrá hacerlo con una campaña muy centrada en el madrinazgo de Cristina Kirchner.

Hábil en la «rosca» política y pragmático en su construcción política, tiene buena receptividad no solamente en los nichos militantes del kirchnerismo y en el gremialismo sino también fluida llegada a gobernadores por su trabajo como ministro de Interior y también en los cenáculos del círculo rojo.

Su perfil dialoguista y de vínculo con los representantes del establishment, que tuvo como testimonio su visita a Expoagro y el saludo afectuoso con altos directivos de medios «hegemónicos», le valió fricciones con el núcleo más duro y ortodoxo del kirchnerismo, pero la vicepresidenta salió rápidamente a reivindicarlo y apaciguó al rebaño alterado.

Medido como uno más en el lote de candidatos del Frente de Todos, De Pedro no logra despegarse del resto pero si la encuesta lo menciona como el candidato de Cristina Kirchner, la diferencia empieza a notarse a su favor.

El ministro de Interior tiene como aliados en su carrera presidencial a Máximo Kirchner y a Axel Kicillof (quienes se encuentran distanciados desde que al gobernador le intervinieron el Gabinete tras las elecciones del 2021), aunque por motivos diferentes.

En el caso del líder de La Cámpora, quien al principio había intentado influir para subir a Kicillof al casillero presidencial, piensa que después de las experiencias fallidas del 2015 con Scioli y del 2019 con Alberto Fernández, llegó el momento de «defender los trapos» con alguien propio, ir a la batalla «con las botas puestas» y aún en el caso de perder, evitar que se licúe el kirchnerismo como fuerza e identidad política.

El apoyo de Kicillof a De Pedro se explica más como un mecanismo de autodefensa para que desde La Cámpora y otros sectores del kirchnerismo duro dejen de cercarlo y presionarlo para encaramarlo a la boleta presidencial.

El ex ministro de Economía es consciente que él es la figura que más retiene el voto de Cristina Kirchner en todo el país, pero también analiza que la batalla nacional se presenta muy cuesta arriba para cualquier candidato del Frente de Todos, mientras que la provincia ofrece un panorama mucho más favorable a la reelección.

Si Juntos por el Cambio ganara las elecciones presidenciales y él la bonaerense -calcula-, pasaría automáticamente a convertirse en el principal referente opositor con cargo efectivo, y con chances presidenciales de cara al 2027.

Para exorcizar cualquier sortilegio que busque desplazarlo a la candidatura presidencial, Kicillof habría dejado de lado la idea de desdoblar las elecciones en la provincia para separarlas de las nacionales.

El gobernador sabe que el candidato presidencial que fuera del Frente de Todos, con Cristina Kirchner (¿auto?) excluida, va a necesitar del efecto arrastre de su boleta bonaerense para mejorar la performance general.

Pese al rencor que le guarda por diferencias políticas, Máximo Kirchner considera a Kicillof un activo propio del kirchnerismo y está dispuesto a usarlo como arma de disciplinamiento contra de todos aquellos que busquen desafiar a la fuerza política de Cristina Kirchner en las PASO.

Medio en serio, medio en chiste, el presidente del PJ bonaerense dejó trascender que el piso para entrar en las listas definitivas del Frente de Todos va a ser del 40% y avisó a los intendentes que para pegarse a la boleta de Kicillof no podrán adherir a la papeleta de Scioli.

Este pliego de condiciones con el que amenaza el hijo de la vicepresidenta tiene como objetivo de máxima complicarle la ingeniería electoral a cualquier adversario interno, a tal punto de vencer sus resistencias y que el Frente de Totos compita con fórmula única en las PASO.

En este aspecto entronca con la visión de Massa, quien está gastando sus últimos cartuchos en China y en Estados Unidos para ver si es posible reconstruir en el peronismo el entusiasmo en el peronismo para que sea proclamado como el candidato de la unidad, aún en un escenario de elevada inflación.

El líder del Frente Renovador ya se anotó un poroto al conseguir una renovación del swap con yuanes del Banco Central de China y su misión continuará en los próximos días en Washington para lograr un adelantamiento de los desembolsos del FMI y una readecuación de las metas.

De lograr estos objetivos, no será suficiente para convencer al conjunto de los actores del Frente de Todos, pero le permitirá plantarse en la discusión electoral con mayor fortaleza.