Lotocki culpó a una enfermedad cardíaca por la muerte de Zárate
Aníbal Lotocki declaró por primera vez en el juicio por la muerte de Cristian Zárate y negó que los estudios previos mostraran riesgos para la cirugía. El médico atribuyó el desenlace a una cardiopatía y una cirrosis que, según sostuvo, no habían sido detectadas.

Aníbal Lotocki declaró este miércoles por primera vez en el juicio por la muerte de Cristian Zárate, el empresario de 50 años que falleció en abril de 2021 después de someterse a una cirugía estética en el Centro Médico Conde (CEMECO), en el barrio porteño de Caballito. El médico negó que los estudios previos permitieran advertir un riesgo y atribuyó el desenlace a enfermedades cardíacas y hepáticas que, según sostuvo, estaban ocultas.
Lotocki aseguró ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°17 que Zárate llegó a su consultorio del microcentro «totalmente decidido» a operarse y que se presentaba como una persona sana.
«Él se presentaba como un paciente sano, no tenía signos de enfermedad ni síntomas», afirmó durante su declaración.
Según su relato, los estudios prequirúrgicos no mostraron anomalías que impidieran realizar la intervención. Dijo que el examen cardíaco y el respiratorio fueron normales y que tampoco se detectaron hernias abdominales.
«El examen cardíaco, perfecto; el examen respiratorio, perfecto», sostuvo Lotocki. También señaló que una radiografía de tórax que Zárate le había enviado por WhatsApp estaba, según su interpretación, «en perfectas condiciones».
El médico reconoció que el paciente presentaba enzimas elevadas, aunque sostuvo que ese resultado no representaba un impedimento para la operación.
Lotocki también relató que la cirugía había sido postergada inicialmente porque había estado en contacto con una persona con COVID. Según contó, Zárate reaccionó con enojo ante la suspensión, aunque posteriormente se disculpó y pidió que la intervención no volviera a demorarse.
El 15 de abril de 2021, Zárate fue sometido a una liposucción y una dermolipectomía con técnica «tulua». Lotocki sostuvo que el procedimiento estaba permitido en un centro ambulatorio y negó que se hubiera realizado una dermolipectomía completa.
Después de la intervención, el paciente fue trasladado a una habitación. Cuando Lotocki volvió a revisarlo, dijo haberlo encontrado desorientado, somnoliento y por momentos exaltado.
«Pensé que podía tener un ataque de pánico, pero se dormía», declaró. Según su versión, Zárate manifestaba dolor sin poder precisar dónde lo sentía y posteriormente recibió morfina por indicación del anestesiólogo.
El médico afirmó que luego aparecieron una caída de la presión arterial y taquicardia. También señaló que el drenaje contenía una solución sanguinolenta y estimó que se habían perdido unos 400 mililitros de líquido.
Ante el cuadro, Lotocki relató que decidió volver a llevar al paciente al quirófano. Dijo que fue anestesiado nuevamente y que durante ese procedimiento no encontró complicaciones.
«El paciente no tenía nada, los puntos estaban todos bien, estaba todo en su lugar», sostuvo.
Sin embargo, posteriormente una enfermera le informó que Zárate se había descompensado. Según la declaración del médico, presentaba taquicardia y una baja saturación de oxígeno. Fue intubado y recibió asistencia para mantener la respiración.
Uno de los puntos destacados de la declaración fue el traslado del paciente. Lotocki aseguró que se solicitó una ambulancia y que la primera unidad demoró más de dos horas en llegar. Según su relato, cuando finalmente arribó, los médicos consideraron necesario pedir otra ambulancia debido a la gravedad del cuadro.
La demora en la asistencia extrahospitalaria también había sido mencionada durante otras jornadas del debate.
En septiembre, peritos que declararon ante el tribunal sostuvieron que la muerte de Zárate no fue un episodio repentino, sino un proceso que se había iniciado con anterioridad. También señalaron que, ante una dermolipectomía acompañada de una liposucción de unos 2,5 litros de grasa, habitualmente se contempla una permanencia en internación.
Los especialistas habían señalado además que, en abril de 2021, las restricciones y la ocupación de camas derivadas de la pandemia de COVID-19 debían ser consideradas al evaluar una cirugía de esas características. Según los peritos, el paciente podía requerir un nivel de atención superior al disponible en el centro donde fue operado.
Lotocki presentó ante el tribunal una explicación diferente sobre el desenlace. Aseguró que Zárate tenía una cardiopatía y una coronariopatía graves, además de una cirrosis hepática que no habían sido detectadas antes de la operación.
Según declaró, el corazón del paciente estaba hipertrofiado y presentaba un compromiso importante de las arterias coronarias. Sostuvo que esas patologías «ocultas» elevaban «un 90 por ciento» el riesgo de muerte.
También negó que la diabetes tuviera un papel determinante en el desenlace y cuestionó algunas de las conclusiones planteadas durante el proceso por los peritos.
La acusación contra Lotocki es por homicidio simple con dolo eventual por la muerte de Zárate. Junto con él son juzgados otros médicos vinculados con la intervención y la directora del Centro Médico Conde.
Al finalizar su declaración, Lotocki sostuvo que el paciente sufrió un paro cardíaco y que los intentos por reanimarlo no tuvieron éxito.
«El paciente hizo un paro y no lo pudimos sacar», afirmó ante el tribunal.
El juicio continuará con la producción de las pruebas y los testimonios previstos para el debate. La declaración de Lotocki constituye hasta ahora su principal exposición sobre lo ocurrido durante la cirugía y las horas posteriores a la intervención.
