La industria argentina en caída libre: un estudio de la UBA revela que el sector retrocedió a niveles de la posguerra
Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA reveló que la industria argentina destruyó 100.000 puestos de trabajo desde noviembre de 2023, equivalentes a 160 empleos perdidos por día. La participación del sector en el PBI cayó al 13,7%, el nivel más bajo desde antes de la Segunda Guerra Mundial, mientras el PBI industrial per cápita retrocedió a valores de 1985. El estudio advierte sobre un proceso de desindustrialización con impacto estructural en el empleo y el perfil exportador del país.

Por Alejo Pombo
No es una proyección ni una advertencia hacia el futuro. Es lo que ya ocurrió. Desde noviembre de 2023, la industria argentina destruyó alrededor de 100.000 puestos de trabajo.
Si ese número se divide por los días transcurridos, el resultado es ese: 160 empleos que desaparecen cada 24 horas en el sector manufacturero del país.
El dato surge de un informe elaborado por investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, a través del Área de Estudios Sobre la Industria Argentina y Latinoamericana (AESIAL) y el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL). El documento analiza la evolución del sector industrial entre 2023 y 2025 y el diagnóstico es, en sus propias palabras, de «síntomas alarmantes».
Un retroceso que se mide en décadas
El indicador más perturbador del informe no es el empleo sino la participación de la industria en la economía. En 2023, el sector representaba el 16,5% del Producto Bruto Interno. En 2025, ese número cayó al 13,7%. Para encontrar un nivel equivalente hay que remontarse a antes de la Segunda Guerra Mundial: hace más de 80 años.
El PBI industrial per cápita confirma la misma tendencia desde otro ángulo: el nivel actual es comparable al de 1985. Cuatro décadas de producción industrial por habitante, borradas.
Lo más llamativo del período es la disociación entre dos indicadores que habitualmente se mueven juntos. Entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, la economía argentina creció 1,3%. La industria, en ese mismo lapso, cayó 8,3%. La economía avanzó; la fábrica retrocedió. Y no lo hizo de manera selectiva: 22 de los 24 sectores industriales relevados registraron caídas en su valor agregado.
Quién gana, quién pierde
El informe traza con precisión el mapa de ganadores y perdedores del modelo productivo actual. Mientras la industria manufacturera perdía 8,3 puntos, el sector financiero crecía 25,2%, la minería 17,9% y el agro 14,1%. La construcción cayó 14,1%, la pesca 24,6% y el comercio 5,2%.
Dentro de la industria, los sectores más golpeados registraron caídas de entre el 20% y el 25%: metalurgia, calzado, curtiembres e industrias vinculadas a la construcción encabezan la lista. Algunos rubros mostraron mayor resistencia —alimentos, tabaco, transporte— aunque ninguno salió ileso.
Las fábricas que aún operan lo hacen lejos de su capacidad: durante 2024 y 2025, la utilización de la capacidad instalada se ubicó por debajo del 60%. Más de cuatro de cada diez máquinas, paradas.
Exportar menos tecnología, importar más máquinas usadas
El deterioro no se limita al mercado interno. El informe detecta una simplificación progresiva de la canasta exportadora. Las exportaciones industriales de mayor valor agregado —las llamadas MOI— cayeron al 28% del total exportado, cuando en 2011 habían alcanzado su pico histórico del 35%. El resultado es una economía que vende cada vez más commodities y alimentos, y cada vez menos productos con contenido tecnológico y capacidad de generar empleo calificado.
En paralelo, la producción local de bienes de capital —maquinaria e insumos estratégicos para la industria— cayó casi 25% entre 2023 y 2025, mientras las importaciones del mismo rubro crecieron 77%. A ese cuadro se sumó el Decreto 273/2025, que flexibilizó la importación de maquinaria agrícola usada: entre mayo y octubre de 2025, ese tipo de importaciones se multiplicó por ocho respecto al mismo período del año anterior, con impacto directo sobre los fabricantes nacionales del sector.
El Estado que se retiró
El informe señala también una reducción del 40% en los recursos y exenciones destinados a la industria en el Presupuesto 2026. El apoyo estatal que subsiste se concentra en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), orientado a proyectos de capital extranjero en energía, minería y siderurgia. Es decir: el Estado no desapareció de la ecuación productiva, pero cambió a quién le habla.
Los investigadores advierten que si esta tendencia se profundiza, los impactos no serán solo estadísticos. Serán estructurales: en el empleo, en el perfil exportador y en la capacidad del país de generar valor agregado a largo plazo. La industria argentina no está en crisis de coyuntura. Está, según este informe, en un proceso de desindustrialización con fecha de inicio clara y, por ahora, sin fecha de reversión a la vista.
