18 agosto, 2026

La estrategia de San Martín detrás de una hazaña imposible

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En enero de 1817, San Martín puso en marcha una operación que había preparado durante años. Más de 5.000 hombres, miles de mulas y seis columnas atravesaron los Andes para sorprender a los realistas. La clave no fue solo la fuerza: logística, inteligencia y engaño fueron determinantes para llegar a Chacabuco.

El Cruce de los Andes, iniciado en enero de 1817, fue una operación militar y política diseñada por José de San Martín para liberar Chile y abrir el camino hacia el Perú. Más de 5.000 hombres atravesaron la cordillera a unos 3.000 metros de altura mediante seis columnas, en una campaña que culminó con la victoria de Chacabuco el 12 de febrero.

La expedición no fue una maniobra improvisada. San Martín había llegado a la conclusión de que avanzar por el Alto Perú era demasiado difícil y diseñó una estrategia alternativa: cruzar los Andes, derrotar a los realistas en Chile y desde allí continuar por mar hacia Lima, principal bastión español en Sudamérica.

El Ejército de los Andes estaba integrado por 5.424 personas al momento de iniciar la campaña. La fuerza incluía militares, oficiales y civiles destinados a tareas de logística y maestranza, además de especialistas fundamentales para atravesar la cordillera.

Entre los recursos utilizados había 1.200 milicianos montados, 120 barreteros de minas, 25 baqueanos y 47 integrantes del cuerpo de sanidad. También se movilizaron 16 piezas de artillería, unos 1.600 caballos adicionales y 9.281 mulas para transportar hombres, armas, alimentos y pertrechos.

La logística resultaba decisiva. Las tropas debían enfrentar frío intenso, nevadas, falta de oxígeno, escasez de agua y pasturas, además de pasos montañosos que podían superar ampliamente los 3.000 metros de altura.

El operativo partió desde Mendoza y tuvo como centro de preparación el campamento de El Plumerillo. El 5 de enero de 1817, San Martín presentó oficialmente la bandera del Ejército de los Andes y puso a las tropas bajo la protección de la Virgen del Carmen.

A partir del 9 de enero comenzó el movimiento de las distintas divisiones. Entre el 12 y el 19 de enero se inició el cruce de las columnas, que avanzaron por seis pasos diferentes para converger posteriormente en territorio chileno.

La estrategia incluía además una operación de engaño destinada a impedir que los realistas identificaran el verdadero punto de ataque. Dos columnas principales atravesaron los pasos de Los Patos y Uspallata, mientras otras cuatro avanzaron por sectores del norte y del sur para distraer y dispersar las fuerzas enemigas.

La maniobra permitió que los realistas recibieran información fragmentada y no pudieran concentrar sus tropas frente al grueso del Ejército de los Andes. La coordinación de las columnas fue uno de los elementos centrales del plan de San Martín.

El 9 y 10 de febrero, las fuerzas principales terminaron de reunirse en la zona de Curimón, en el valle del Aconcagua. Desde allí prepararon el ataque contra las posiciones realistas que protegían el acceso a Santiago.

Dos días después, el 12 de febrero de 1817, las tropas independentistas se enfrentaron al Ejército Realista en la batalla de Chacabuco, a unos 55 kilómetros al norte de Santiago. El triunfo abrió el camino hacia la capital chilena y se convirtió en el primer gran éxito militar de la campaña.

El comandante realista fue Rafael Maroto, mientras que Casimiro Marcó del Pont era entonces el gobernador español de Chile. La derrota debilitó decisivamente la posición de la Corona y permitió avanzar hacia la liberación del territorio chileno.

La campaña demandó 24 días y se realizó con más de 5.000 hombres en condiciones geográficas extremas. El Instituto Nacional Sanmartiniano destaca que Chacabuco fue el primer gran combate inmediatamente posterior al cruce y el comienzo de la liberación definitiva de Chile.

El Cruce de los Andes fue, en definitiva, mucho más que una marcha militar por una cordillera. Fue la ejecución de un plan continental que combinó organización, logística, inteligencia, engaño y coordinación para enfrentar a un enemigo con importantes recursos.

La victoria de Chacabuco confirmó la eficacia de esa estrategia y permitió a San Martín continuar con su proyecto independentista. La campaña que comenzó en Mendoza terminaría convirtiéndose en una de las operaciones militares más importantes del proceso de emancipación sudamericano.

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