9 abril, 2026

Diputados convirtió en ley la reforma de Glaciares en una sesión de 12 horas y madrugada adentro

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La Cámara de Diputados convirtió en ley la reforma a la Ley de Glaciares con 137 votos a favor y 111 en contra, tras una sesión de casi 12 horas en la que el oficialismo aplicó una estrategia de silencio: bajó a sus oradores y se limitó a contar votos.

Tras casi 12 horas de debate, la madrugada del jueves quedó sellada con un resultado que el oficialismo había calculado de antemano: la Cámara de Diputados convirtió en ley la reforma a la Ley de Glaciares con 137 votos a favor, 111 en contra y 3 abstenciones. La norma, que ya tenía media sanción del Senado, fue girada al Poder Ejecutivo para su promulgación. La estrategia de La Libertad Avanza fue tan evidente como efectiva: silencio. Uno a uno, los diputados libertarios que se habían anotado como oradores fueron bajando sus nombres de la lista. «Están los votos, que se queden con los discursos», resumió un diputado libertario.

Votaron a favor: La Libertad Avanza, PRO, UCR, Innovación Federal, Elijo Catamarca, Producción y Trabajo (San Juan), Karina Banfi (Adelante Buenos Aires), José Luis Garrido (Por Santa Cruz), Nicolás Massot (Encuentro Federal) y seis diputados del bloque Provincias Unidas (Scaglia, Nuñez, Capozzi, Rizzotti, Torres y Ávila). El oficialismo también capturó dos votos de Unión por la Patria: los sanjuaninos Cristian Andino y Jorge Chica.

La certeza de la victoria se materializó alrededor de las 22 horas, cuando ingresó al recinto la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, que se ubicó en el palco y observó el tramo final del debate. El jefe de bloque Gabriel Bornoroni la nombró desde el podio, y ella saludó a los legisladores oficialistas. Su presencia, como en otras sesiones clave, operó como termómetro de la confianza del Gobierno en el resultado. La sesión, que comenzó a las 15 y terminó pasadas las 2.30, fue precedida por nueve pedidos de apartamiento de reglamento, todos de la oposición, todos rechazados. Uno de los más llamativos fue el del diputado Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica), que intentó incluir en el orden del día tres proyectos vinculados al caso $Libra —dos de los cuales apuntaban a citar a Karina Milei y a Manuel Adorni—, pero no alcanzó los votos. Otro pedido, de la diputada Paula Penacca, buscaba interpelar a Adorni en el recinto; culminó su alocución imitando al jefe de Gabinete y diciendo «fin».

El núcleo del debate: qué cambia la ley

La reforma modifica la Ley 26.639, vigente desde 2010, que protegía de manera general la totalidad del ambiente glaciar y periglacial. El nuevo texto acota esa protección a los glaciares y formaciones que comprueben cumplir «funciones hídricas» específicas, y traslada a cada provincia la responsabilidad de determinar, mediante estudios técnicos propios, qué áreas quedan bajo resguardo y cuáles pueden habilitarse para la minería. El IANIGLA —el instituto técnico que llevaba el inventario nacional de glaciares— pierde protagonismo central en este esquema.

El diputado sanjuanino José Peluc (LLA) condujo el debate y descartó las críticas opositoras con tono desafiante: «Ustedes leen hasta donde quieren y entienden hasta donde quieren». Su compañero Nicolás Mayoraz defendió que la reforma fortalece el federalismo y que «la protección ambiental y el desarrollo sustentable son posibles».

La oposición no ahorró munición. Maximiliano Ferraro calificó la norma de «totalmente regresiva e inconstitucional» y fue directo: «El sujeto regulado, las mineras, redactaron esta ley». Miguel Ángel Pichetto, uno de los impulsores de la ley original en 2010, ratificó su rechazo: «No existe ningún argumento técnico, económico ni político que avale este cambio.» Y Juan Grabois fue el más gráfico de la jornada:

«Es una ley envenenada. Van a envenenar el agua. Esta ley es equivalente a poner a Yiya Murano en el tanque de tu casa.» — Juan Grabois, diputado kirchnerista

También hubo tensión en el recinto: el diputado kirchnerista Luis Pietragalla increpó al bloque de LLA mientras exponía otro legislador y amenazó con agredirlos físicamente. Afuera del Congreso, organizaciones ambientalistas —entre ellas Greenpeace, que colgó una pancarta en el edificio— manifestaron contra la reforma desde temprano, anticipando lo que varios opositores ya anunciaron: la judicialización de la norma por inconstitucional.

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