Por María Fernanda Carabelli

En la localidad bonaerense de Carlos Casares, los pacientes con insuficiencia renal crónica están en serio riesgo. Desde hace 4 años reclaman sin descanso, que se instale un Centro de Diálisis Municipal ya que deben realizar 900 kilómetros, tres veces por semana, para poder seguir viviendo.

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Manifestación de los pacientes en diálisis en el predio del Hospital Julio. F. Ramos

“Dos años de un amparo y los vericuetos de la justicia aun no terminan. El municipio continúa dilatando todo. Dicen no tener plata. ¿Y los tres millones de pesos, que decían que mandaba el ministro De Vido, dónde están?”, se pregunta Miguel Cuadrado, uno de los pacientes que encabeza el viejo y angustiante reclamo.

“Luego de el primer fallo judicial, contrataron una máquina de diálisis para agudos para que funcionen en terapia intensiva, pero en Carlos Casares no hay nefrólogo ni personal técnico para hacer las diálisis, por lo tanto ante una emergencia de un paciente en terapia que deba dializarse, hay que esperar que vengan de otras ciudades para hacer el tratamiento”.

Miguel o “Migue”, como lo llaman sus conocidos, afirma que “el estado municipal ha priorizado obras, como hacer un lago artificial para sacar tierra para rellenar bajos, cuya inversión es mucho más grande, que el Centro de Diálisis tan necesario”.

Seguramente, la preocupación -entre otras cosas- que siente Miguel, es la misma que siente Mauri; Myrian; Celestina; Nadia; Felipe, Walter; Leonel; Anabel; Luis; Alicia; Nacho; Ariel; Maria Fernanda; Gabriel y los seres queridos de todos ellos.

La realidad diaria indica que 15 pacientes de diferentes edades deban viajar, tres veces por semana para realizar el tratamiento que los mantiene con vida. 900 kilómetros deberán realizar, con lluvia, niebla o granizo. Sea cual fuese el estado del tiempo y de las rutas, deben llegar a destino.

Ellos saben, que si quieren seguir abrazando a sus seres queridos tienen que alejarse y llegar a otras ciudades, con todos los gastos que eso implica, algunos de los cuales cubren las obras sociales. O como explica Miguel, “tenemos que seguir viviendo. Hay gente que ha dejado de trabajar, y los jóvenes no consiguen empleo ya que tienen que faltar tres veces por semana. En algunos casos, les dan una pensión graciable que no supera los 3 mil pesos. Agrega que la gobernadora ha mandado dinero, para continuar con obras paradas…pero…para esto no pudieron”.

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Miguel Cuadrado, uno de los pacientes que encabeza el viejo y angustiante reclamo

Emigrar para seguir con vida y arriesgarla en el camino.

Como ocurrió esa madrugada del lunes 9 de noviembre de 2015, en la ruta 65.
“Nacho Duran” y Fernanda Loretti, dos pacientes renales, sufrieron un accidente en el remis que los llevaba hacia Junín para someterse al tratamiento de diálisis. No hubo muertes que lamentar pero cabe preguntarse, cuál es el riesgo mayor.

Por su parte el abogado patrocinante, Dr. Raúl Andreoli alegaba, en febrero de 2015 que “se encuentra en riesgo la vida de varios ciudadanos afincados en Carlos Casares que padecen insuficiencia renal crónica y que se ve vulnerado su derecho a la salud, a la integridad física y psíquica, a la autonomía y a una calidad de vida digna, debido a las reiteradas omisiones del Estado municipal y del Ministerio de Salud de la Provincia de proveer los medios y recursos necesarios para prestar los servicios de nefrología, hemodiálisis y diálisis aguda” en Carlos Casares.

“Los casarenses nos encontramos en riesgo de ingresar al Hospital Municipal con una falla renal y no ser atendidos. Los pacientes en diálisis son un grupo especialmente vulnerable de vecinos discapacitados postergados que se encuentran en serio riesgo. En riesgo de no poder viajar a cada sesión, en riesgo de abandonar el tratamiento debido al estrés y a la ausencia del Estado; en riesgo de no ser atendidos en otros hospitales por “falta de cama” y en riesgo de accidentarse en las rutas. Ya son seis los ciudadanos con falla renal que fallecen en el plazo de un año sin atención nefrológica, en la ciudad”.

“Sepan comprender el desgaste y sacrificio que esta enfermedad renal ocasiona, tanto para el paciente como para sus familia teniendo que trasladarse a otras ciudades y teniendo que dejar familia, trabajo, etc. Yo personalmente tengo tres hijas con la misma enfermedad y por ellas deseo que este sueño se cumpla”, imploraba Natalia, desde el Grupo Público de Facebook: CASARENSES CON DERECHO A NEFROLOGÍA Y DIÁLISIS EN SU CIUDAD, el 25 de agosto de 2015.