“No hay vuelta atrás”: Trump agita el tablero global y presiona a Europa para la adquisición de Groenlandia
Donald Trump ha escalado su ofensiva diplomática para adquirir Groenlandia, utilizando imágenes generadas por IA y apelando a la «seguridad nacional» como argumento irrebatible. Mientras asegura contar con el apoyo del secretario general de la OTAN, el mandatario estadounidense endurece su retórica frente a aliados europeos y advierte que la hegemonía de EE. UU. solo se garantiza mediante la demostración de fuerza.

Por Alejo Pombo
En una maniobra que combina la diplomacia de alto impacto con la guerra de nervios digital, el presidente Donald Trump ha ratificado que su ambición por Groenlandia no es un escarceo retórico, sino un imperativo estratégico. A través de sus canales oficiales, el mandatario difundió imágenes retocadas con Inteligencia Artificial que lo muestran izando la bandera de las barras y estrellas sobre el territorio ártico, acompañadas de un mensaje contundente: Estados Unidos es la única potencia capaz de garantizar la paz mundial, y lo hará «con fuerza».
Trump fundamentó su postura en la necesidad de reconstruir la hegemonía estadounidense, vinculando la adquisición de la isla con la seguridad nacional frente al avance de China y Rusia. «No hay vuelta atrás», sentenció en Truth Social, elevando el tono de una disputa que ya genera grietas en la estructura de la OTAN.
El mandatario reveló detalles de una «interesante» conversación con Mark Rutte, secretario general de la Alianza Atlántica, con quien acordó una cumbre de partes en el marco del Foro de Davos. Según Trump, Rutte se habría comprometido a buscar una «solución» al asunto, elogiando incluso el papel de Washington en otros conflictos internacionales como Siria y Ucrania. Esta supuesta sintonía contrasta con la frialdad de París; el propio Trump admitió que Emmanuel Macron, si bien coincide en la agenda de Oriente Medio, manifestó su total incomprensión ante la ofensiva por el territorio danés.
La retórica presidencial no se limitó a Groenlandia. Trump aprovechó la oportunidad para disparar contra el Reino Unido, calificando de «acto de gran estupidez» la intención de Londres de ceder la isla de Diego García —sede de una base militar clave— a la República de Mauricio. Para el republicano, esta «debilidad» británica es el ejemplo exacto de lo que su administración busca evitar: el abandono de territorios estratégicos ante la mirada atenta de las potencias rivales.
Con un llamado directo a que Dinamarca y sus socios europeos «hagan lo correcto», Trump llega a la cita de Davos con una agenda que promete tensionar las costuras del orden internacional, redefiniendo el concepto de soberanía en el siglo XXI a través de la tecnología y la presión política directa.
