Por Alan Fox

En una nueva señal del empeoramiento de la situación epidemiológica en Brasil, el estado de San Pablo -donde viven 46 millones de habitantes, una población similar a la de toda la Argentina- anunció hoy dos semanas de cuarentena con cierre de comercios, bares, restaurantes y toda actividad recreativa, además de un toque de queda nocturno para evitar el colapso de su sistema sanitario.

Horas antes, el estado de Paraná, fronterizo con la Argentina, había anunciado que su sistema de salud está colapsando por falta de capacidad hospitalaria ante la avalancha de pacientes que necesitan camas de terapia intensiva a causa de la segunda ola de coronavirus, una situación similar a la de Santa Catarina y Mina Gerais.

Ya ayer había sido un día sombrío para el país con una caída histórica de algo más de cuatro puntos en su economía, un récord de más de 1.640 muertes en un día por coronavirus y varias ciudades fronterizas con la Argentina con sus sistemas públicos de salud colapsados por la pandemia.

Pese a todo ello, el gobierno federal del presidente Jair Bolsonaro sigue sin asumir la responsabilidad de la doble crisis sanitaria y económica que sacude al país y hoy se limitó a defender el plan de vacunación y a oponerse a mayores medidas de confinamiento.

Sin embargo, en el país la situación sigue deteriorándose, con totales de 10,7 millones de casos y 259.271 muertes, lo que obliga a los estados a tomar medidas.

En las últimas 24 horas, Brasil registró un segundo récord consecutivo de muertos por coronavirus, con 1.910, y 71.704 nuevos contagios, el segundo peor número desde el primer caso el 19 de febrero de 2020, informó hoy el Ministerio de Salud.

«Estamos al borde del colapso tanto en San Pablo como en Brasil, necesitamos coordinación nacional, algo que no hace el gobierno federal», pidió el gobernador paulista, Joao Doria, al anunciar la fase roja para el estado más afectado por la Covid-19 en Brasil desde el sábado hasta el 19 de marzo.

La medida excluye de esta suerte de lockdown de baja intensidad a las escuelas públicas y privadas, que deberán estar abiertas para acoger a los estudiantes en caso de que necesiten acudir a clases presenciales y no se opte por el sistema remoto.

El aislamiento social promedio diario en el estado de San Pablo es de 39%, cuando el ideal es cercano al 70%.

El cierre anunciado hoy se tomó porque fue superado el 75% de ocupación de camas y se baten récord diarios de internaciones a causa de la segunda ola de coronavirus, que según especialistas está vinculada a la mezcla de cepas del virus y a la variante P1, la variante del Amazonas.

Según cifras oficiales, 60.381 personas murieron en San Pablo, con 2.068.616 casos confirmados, y esta fue la peor semana de la pandemia, con 468 muertes en siete días.

Por eso, Doria también impuso un toque de queda nocturno de 20 a 5.

El cierre a partir del sábado incluye a parques públicos, plazas, playas, clubes, gimnasios, shoppings, teatros, cines y bares y restaurantes, estos últimos autorizados a vender para llevar o entregar.

Con el mismo dramatismo anunció hoy el estado de Paraná su colapso sanitario.

«Yo diría que estamos entrando en colapso», dijo el secretario de Salud de Paraná, Beto Preto, un día después de que fuera superado por falta de camas el sistema hospitalario de Santa Catarina, también fronterizo con la Argentina, y el de la región sur de Minas Gerais, razón por la cual enviaron pacientes a ser internados a otras regiones del país.

El colapso se produce en el peor momento de la pandemia en Brasil, con más del 4% de la población vacunada desde el 17 de enero, al menos diez capitales provinciales con una situación crítica hospitalaria y con una ley aprobada anoche por el Congreso que permite a estados, municipios y privados comprar vacunas independientemente del Gobierno federal.

Paraná tiene una ocupación general de 92% pero del 97% en el oeste, en la región de la Triple Frontera Brasil-Argentina-Paraguay, donde la situación es crítica para el sistema público y privado.

Preto dijo que existen relatos de personas siendo entubadas en sus casas por falta de camas en la ciudad de Cascavel, ubicada a 140 kilómetros de Puerto Iguazú, Misiones.

«Estamos haciendo esfuerzos para conseguir más camas y no necesitar llevar a los pacientes a otros estados», dijo el secretario.

El viernes pasado Paraná implementó el toque de queda ampliado, suspendió las clases y el comercio no esencial, sobre todo viniendo del gobernador Carlos Massa, del Partido Social Demócrata, un aliado de primera hora de Bolsonaro, al igual que el gobernador de Santa Catarina, también colapsada, Carlos Moisés.

En tanto, la Cámara de Diputados aprobó y convirtió en ley que debe ser promulgada por Bolsonaro un proyecto por el cual estados, municipios y privados pueden comprar independientemente con sus recursos vacunas que hayan sido aprobadas en una serie de países y que deben pasar por la autorización del ente regulador Anvisa.

En ese marco, los gobernadores e intendentes se han lanzado a buscar acuerdos, aunque no tendrán recursos del Ministerio de Salud y deberán asumir las responsabilidades civiles por las vacunas.

Bolsonaro anunció hoy el viaje del canciller Ernesto Araújo para encontrarse en Israel con el premier Benjamin Netanyahu para que Brasil pueda hacer test experimentales de un spray probado entre israelíes en estado grave con Covid-19.

«Está todo combinado para que viaje el sábado el Canciller», dijo el mandatario sobre el spray desarrollado por el hospital Tel Aviv’s Ichilov.

El mandatario pidió a la población no entrar en pánico con el récord de muertos por la pandemia, rechazó nuevamente las cuarentenas pese al colapso del sistema hospitalario en varias regiones del país porque habrá muertos «por hambre y depresión», y sostuvo que el Gobierno está haciendo lo correcto en la vacunación.

«Han creado el pánico, el problema está ahí delante de nosotros. Lamentamos. Pero no se puede vivir con pánico, de nuevo la política de quedarse en casa no, es morir de hambre y depresión», afirmó el mandatario ultraderechista, sin comentar la caída del 4,1% de la economía en 2020, la mayor en 30 años.

Dijo que contra las malas noticias decidió dejar de comprar diarios y revistas en el Gobierno.

Sin embargo, en la misma jornada, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística informó que la economía de Brasil, la más grande de América Latina y principal socio de la Argentina, cayó 4,1% en 2020, el peor resultado en tres décadas, empujada por la pandemia que derribó el sector de servicios, de la industria, la inversión y el consumo de las familias, aunque apenas creció el sector agropecuario.

La pandemia de coronavirus fue el principal factor de la caída del PBI brasileño en 2020 y detuvo un crecimiento sostenido entre 2017 y 2019 luego del descenso de 3,5% en 2015.

La caída fue casi la mitad del 9,5% que había previsto a inicios de la pandemia el Fondo Monetario Internacional (FMI).