7 agosto, 2026

San Cayetano: la historia del santo que hizo raíces en Argentina

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Nació en Vicenza hace más de cinco siglos, estudió en Padua y desarrolló su vida religiosa en distintas ciudades italianas. Su imagen llegó a la Argentina vinculada a Mama Antula y encontró en Liniers el centro de una devoción que lo convirtió en el santo del pan y el trabajo.

San Cayetano nació en Italia, pero su figura terminó profundamente ligada a la identidad religiosa argentina. Cada 7 de agosto, miles de personas se acercan a sus santuarios para pedir o agradecer por el pan, el trabajo y la protección de sus familias. En Buenos Aires, esa devoción encontró uno de sus principales centros en el barrio de Liniers.

Cayetano de Thiene nació en Vicenza, en el norte de Italia, en 1480, en el seno de una familia noble. Estudió Derecho civil y canónico en la Universidad de Padua y luego se trasladó a Roma, donde trabajó en la Curia durante los pontificados de Julio II y León X.

Con el tiempo abandonó la carrera vinculada a los privilegios de su posición social y se volcó al sacerdocio, la oración y la asistencia a los pobres y enfermos. En 1524 fundó en Roma, junto con Juan Pedro Carafa —futuro papa Paulo IV— y otros religiosos, la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos.

Su actividad también estuvo marcada por la atención a quienes atravesaban situaciones de extrema necesidad. Cayetano murió en Nápoles el 7 de agosto de 1547, ciudad donde pasó buena parte de sus últimos años. Fue beatificado en 1629 y canonizado en 1671 por Clemente X.

Pero la historia que explica su enorme arraigo en la Argentina comenzó mucho después y a miles de kilómetros de Italia.

Una de las protagonistas fue María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, nacida en Santiago del Estero en 1730. La mujer, que sería canonizada en 2024 y se convirtió en la primera santa argentina, estuvo profundamente vinculada a la tradición jesuita y dedicó buena parte de su vida a los ejercicios espirituales y a la asistencia de los más necesitados.

La devoción por San Cayetano formaba parte de esa tradición. La congregación de las Hijas del Divino Salvador, vinculada a la obra de Mama Antula, llevó su imagen a Buenos Aires y la instaló en una capilla de la zona que posteriormente sería Liniers.

Los terrenos habían sido donados en 1830 por María Mercedes Córdova a las religiosas. Allí se desarrolló la obra de la congregación y, décadas después, comenzó a consolidarse la presencia de San Cayetano. La imagen que perteneció a Mama Antula llegó a ese lugar desde la Santa Casa de Ejercicios Espirituales.

La primera capilla dedicada al santo en Liniers fue inaugurada en 1875. Con el crecimiento de la población y de la cantidad de fieles, el templo quedó rápidamente pequeño. El actual santuario comenzó a construirse en 1900 y la iglesia fue declarada parroquia en 1913.

La transformación decisiva de la devoción ocurrió durante la crisis económica y social de la década de 1930. En un contexto de fuerte preocupación entre los trabajadores, el párroco Domingo Falgioni impulsó la veneración de San Cayetano como intercesor por el pan y el trabajo.

También incorporó la espiga de trigo a la imagen del santo, un elemento que terminó convirtiéndose en una de las representaciones más reconocibles de su culto en la Argentina.

Desde entonces, la relación entre San Cayetano y las necesidades materiales quedó instalada en la religiosidad popular. La gente comenzó a acudir no solamente para pedir trabajo, sino también para agradecer por haberlo conseguido, por conservarlo o por atravesar momentos difíciles.

La tradición se consolidó alrededor del 7 de agosto, día de su festividad litúrgica. El Santuario de Liniers sostiene actualmente que la celebración reúne a fieles que llegan desde distintos puntos del país y de naciones limítrofes.

Así, la historia de San Cayetano en la Argentina terminó siendo bastante distinta de la de su tierra de origen. Un sacerdote nacido en la Italia del Renacimiento, formado en Padua, vinculado a Roma y muerto en Nápoles se transformó, siglos después, en una de las figuras religiosas más asociadas a una preocupación profundamente argentina: tener pan y trabajo.

La devoción atravesó continentes, generaciones y crisis económicas hasta convertirse en una tradición propia. San Cayetano llegó desde Europa, encontró una nueva historia en Santiago del Estero y terminó echando raíces en Buenos Aires, donde cada 7 de agosto miles de personas vuelven a formar una larga fila frente a su santuario.

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