
El precio del petróleo registró este jueves un fuerte salto y alcanzó su nivel más alto desde 2022, impulsado por la creciente tensión en Medio Oriente y el temor a un bloqueo prolongado en el Estrecho de Ormuz.
En el mercado asiático, el barril de crudo Brent trepó cerca de un 7% y superó los USD 126, marcando un máximo en los últimos cuatro años. En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, llegó a cotizar por encima de los USD 110 antes de retroceder hacia la zona de USD 105.
El principal factor detrás de la suba es la incertidumbre sobre la duración del conflicto y las dificultades para reabrir el tránsito en Ormuz, un paso clave por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump advirtió que las restricciones podrían extenderse “varios meses si fuera necesario”, lo que alimentó aún más la preocupación de los mercados.
En ese contexto, también crecen las especulaciones sobre una posible escalada militar, con informes que señalan que Estados Unidos evalúa nuevas acciones en la región para destrabar las negociaciones con Irán.
El encarecimiento del crudo ya impacta en los combustibles, dado que es un insumo clave para la producción de nafta y diésel, lo que anticipa presiones inflacionarias a nivel global.
A la tensión geopolítica se suma otro factor: la decisión de Emiratos Árabes Unidos de abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo, lo que introduce mayor incertidumbre en el mercado energético internacional.
Con negociaciones estancadas y un escenario cada vez más volátil, el precio del petróleo se consolida como uno de los principales termómetros de la crisis global.
