
La industria textil argentina atraviesa uno de sus peores momentos en años: la actividad cayó a su nivel más bajo desde que existen registros, en medio de un combo de desplome productivo, baja utilización de capacidad y fuerte avance de importaciones.
Según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, el sector registró en enero de 2026 una caída interanual del 23,9%, muy por encima del descenso del 3,2% que mostró la industria en general.
El dato confirma la profundidad de la crisis: mientras la economía en su conjunto mostró señales de leve crecimiento —con un alza del 1,9% en el Estimador Mensual de Actividad Económica—, la industria textil se hunde en un escenario cada vez más adverso.
Producción al mínimo y fábricas semi paralizadas
El deterioro también se refleja en el uso de la capacidad instalada. En enero, el sector operó apenas al 24%, un nivel extremadamente bajo y muy por debajo del 53,6% promedio del conjunto industrial.
Esto implica plantas funcionando a media máquina o directamente paralizadas, en un contexto donde la caída de la demanda interna y la presión externa golpean simultáneamente.
Importaciones bajo sospecha
Uno de los puntos más críticos es el avance de importaciones a precios inusualmente bajos. Solo en febrero ingresaron al país 12.800 toneladas de productos textiles por un valor de US$ 32 millones.
Desde el sector advierten que más del 70% de esos productos fueron declarados a valores por debajo de los históricos, en algunos casos incluso inferiores al costo de producción.
El informe menciona ejemplos extremos: remeras de algodón importadas por menos de un centavo de dólar, jeans por menos de un dólar o toallas a valores irrisorios por kilo.
Para la industria local, estas prácticas configuran un escenario de competencia desleal que agrava aún más la caída de la actividad.
Empleo en retroceso
El impacto ya se siente en el empleo. A fines de 2025, el sector —que incluye textiles, confección, cuero y calzado— contaba con unos 100.000 trabajadores formales, lo que implica una pérdida de 12.000 puestos en un año.
La tendencia es sostenida: desde febrero de 2024 se acumulan más de 20.000 empleos perdidos, en un entramado productivo que tiene presencia en todo el país.
Desde FITA reclaman medidas para corregir las distorsiones del comercio exterior y proteger la producción nacional, en un contexto donde la continuidad de muchas empresas aparece en riesgo.
