
La actividad pesquera atraviesa una fuerte paradoja: mientras los indicadores oficiales muestran crecimiento, desde el sector advierten una crisis profunda marcada por el aumento de costos, pérdidas cercanas al 30% y la inminente paralización de barcos.
Según el último informe del INDEC, el Índice de Producción Industrial (IPI) pesquero registró en febrero una suba interanual del 14,3%, acumulando su tercer mes consecutivo en alza tras el salto del 50,1% en enero.
Sin embargo, los empresarios aseguran que estos datos no reflejan la realidad. Explican que el crecimiento responde a una temporada excepcional de calamar y langostino, con fuerte participación de flotas extranjeras, y no a una mejora estructural del sector.
“Las pymes pesqueras agonizan”, advirtió Vito Contessi, quien remarcó que el índice oficial mide capturas, pero no la rentabilidad de la actividad.
Costos en alza y ecuación inviable
El principal factor de la crisis es el aumento del combustible, que subió alrededor de un 40% en lo que va del año. Con este escenario, salir a pescar dejó de ser rentable para buena parte de la flota.
Según detallan desde el sector, el quebranto por marea alcanza ya el 30% en algunos casos. Esto afecta especialmente a la flota costera de Mar del Plata, donde varios barcos comenzaron a suspender operaciones.
El sistema de reparto de ingresos —conocido como “a la parte”— también se ve golpeado: los ingresos netos son tan bajos que resulta difícil incluso conformar tripulaciones, lo que agrava la parálisis.
Reclamos y riesgo laboral
Frente a este escenario, los industriales reclaman medidas urgentes al Estado, como reducción de impuestos, retenciones o un precio diferencial para el gasoil.
Advierten que la crisis pone en riesgo a unas 49 embarcaciones y entre 2.000 y 3.000 puestos de trabajo, tanto en el mar como en tierra.
Aunque la pesca representa apenas el 0,3% del PBI, tiene un peso relevante en exportaciones, ubicándose como el noveno complejo exportador del país.
El deterioro es particularmente crítico en la flota del variado costero y en especies como la merluza, donde la ecuación económica ya no cierra.
