La Suprema Corte de Justicia bonaerense ratificó la absolución de Osvaldo «karateca» Martínez en el cuádruple crimen de las mujeres ocurrido en noviembre de 2011 en esta capital, por el que estuvo preso en dos oportunidades durante más de 5 meses.

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Así lo resolvió el máximo tribunal de Justicia de la Provincia, al rechazar un recurso de queja presentado por la abogada defensora de Miguel Angel Pereyra, padre de una de las víctimas, contra la decisión del Tribunal de Casación bonaerense.

Ese tribunal había desestimado el 8 de septiembre pasado “por inadmisible” un recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley contra la sentencia de la Sala V de Casación, que confirmó el fallo del Tribunal Oral Criminal 3, que declaró la absolución de Martínez.

Disconforme con lo ratificación de la inocencia del «karateca», la abogada Silvia Petroff, representante de Pereyra, fue hasta la Suprema Corte, que en las últimas horas le rechazó “con costas -por improcedente- la queja incoada”, según el fallo al que accedió DyN.

El múltiple crimen se produjo entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de noviembre de 2011, en un departamento tipo PH ubicado en calle 28, entre 41 y 42 de esta ciudad, donde fueron encontradas masacradas a golpes y puñaladas tres mujeres y una niña de 11 años.

Horas más tarde, las víctimas fueron identificadas como Micaela Galle (11), su madre Bárbara Santos (29), su abuela Susana de Barttole (62) y una amiga de la familia, Marisol Pereyra (36).
A los pocos días, Martínez, que era el novio de Bárbara Santos, fue detenido por primera vez y liberado 38 días después, aunque el 3 de mayo de 2012 volvió a quedar preso tras la aparición de un nuevo imputado, Javier «la Hiena» Quiroga, quien había realizado trabajos de albañilería en la casa de las víctimas.

Quiroga confesó en su declaración haber presenciado el asesinato de las mujeres pero responsabilizó a Martínez, y aseguró que al momento de retirarse de la vivienda el «Karateca» lo obligó a tocar los cuerpos, los utensilios de cocina y lo amenazó con matar a su familia si contaba lo sucedido.

Contrario a lo dicho por «la Hiena», Martínez se proclamó inocente, dijo que la noche del crimen permaneció en su casa de Melchor Romero mirando una película y luego se durmió, versión que la Justicia de Garantías creyó, por lo que dispuso su liberación el 26 de septiembre de 2012.

Los jueces del TOC 3, Ernesto Domenech, Santiago Paolini y Andrés Vitali condenaron a reclusión perpetua a Quiroga por “homicidio simple” por la muerte de Barttole, y “homicidio calificado por haberse perpetrado para procurar impunidad”, por los otros tres crímenes.

Para los magistrados, la primera en ser asesinada fue Susana De Barttole, en la cocina: “Recibió primero un golpe de puño en la boca y luego doce heridas de arma blanca”; quedándole un cuchillo “clavado en el cuello”.

La secuencia siguió en el dormitorio de De Barttole con el ataque a la menor Micaela Galle, quien fue golpeada en la cara y cabeza, y apuñalada veintitrés veces en distintas partes del cuerpo.

Antes de ser ultimada, la niña alcanzó a marcar el número 9111, en lugar del 911 de emergencia.
Tras asesinar a Barttole y a Micaela, Quiroga fue hasta el baño, donde se estaba duchando Bárbara Santos; la golpeó y la apuñaló en al menos treinta oportunidades, tanto en el baño como en la cocina y en el living, donde finalmente cayó muerta.

La última víctima, Marisol Pereyra, fue atacada minutos más tarde, cuando ingresó a la vivienda: Allí recibió un golpe de puño en el rostro y luego sufrió ocho heridas de arma blanca -en cuello y tórax-, aunque no se pudo defender.

Los jueces consideraron que las pruebas recolectadas indican que “el agresor fue una sola persona” y que quedó demostrado que fue Quiroga, ya que sus rastros genéticos fueron hallados en las uñas de Bárttole, Pereyra, en una cuchilla, y en un palo de amasar utilizados en el homicidio.

Sobre la absolución de Martínez, los magistrados expresaron que “ninguna prueba objetiva o científica, ni testimonial, lo incrimina” y que “ningún rastro que lo vincule fue encontrado en el cuerpo de las víctimas o en las escena del hecho”.