9 septiembre, 2026

Murió Chiche Gelblung: la historia del periodista que soñaba con vivir 200 años y viajar a la Luna

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Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles tras una nueva internación en el Sanatorio Mater Dei. Tenía una trayectoria de más de cinco décadas en el periodismo argentino y dejó su marca en la prensa gráfica, la radio y la televisión. Su vida estuvo atravesada por una infancia compleja, el abandono de su hogar a los 14 años y una carrera que lo convirtió en una de las figuras más influyentes y polémicas de los medios.

La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung marca el final de una de las trayectorias más extensas, influyentes y polémicas del periodismo argentino. Durante más de cinco décadas construyó una carrera que atravesó la prensa gráfica, la radio y la televisión, con un estilo directo, provocador y sin concesiones que lo convirtió en una figura imposible de ignorar.

El periodista murió este miércoles en el Sanatorio Mater Dei, donde había ingresado el martes por la mañana a raíz de un cuadro respiratorio. Era la cuarta internación que atravesaba durante el año.

Su fallecimiento provocó una profunda conmoción en el mundo de los medios y cerró una historia profesional marcada por la innovación, las grandes exclusivas, las polémicas y una capacidad permanente para reinventarse.

Pero detrás del periodista que durante décadas ocupó las pantallas y dirigió algunos de los medios más importantes del país había una historia personal mucho más compleja.

El chico que se fue de su casa a los 14 años

Samuel Gelblung nació en Buenos Aires en 1944 y creció en Villa Devoto, dentro de una familia judía de clase media atravesada por una intensa militancia política.

El origen de su apodo tenía una explicación familiar. Según contó en distintas oportunidades, de bebé era considerado “el chiche de la familia” por su aspecto y de allí nació el nombre que lo acompañaría durante toda su vida pública.

Su infancia, sin embargo, estuvo lejos de ser sencilla.

Sus padres, Berta Kagan —quien más tarde cambiaría su apellido a Cohen— y Alfredo Gelblung, un industrial del cuero, militaban políticamente de manera clandestina. Su abuelo paterno había sido tesorero del Partido Comunista y, según relató el propio periodista, en su casa convivían la tensión política, las discusiones ideológicas y una fuerte influencia religiosa por parte de su abuela materna.

“Todos los días, a la hora de la siesta, mi abuela materna se ponía a rezongar y a llorar. Y lo hacía durante dos horas, sistemáticamente. Ella era muy religiosa, venía todos los días a joder sistemáticamente. Le decía a mi viejo: ‘Vos tenés la culpa de esto’, porque él era comunista”, recordó en una entrevista.

Sus padres temían ser perseguidos durante el gobierno de Juan Domingo Perón debido a su militancia política. Ese clima terminó convirtiendo el hogar familiar en un espacio que, según Gelblung, resultaba insoportable.

“Era insoportable. Sentí que debía irme o iba a enloquecer”, contó años después.

Y lo hizo.

Con apenas 14 años abandonó su casa.

Un depósito de huevos y una adolescencia lejos de la escuela

Después de irse de su hogar, Chiche Gelblung encontró refugio en un depósito de huevos.

No terminó el colegio y durante aquellos años realizó distintos trabajos informales. También se dedicó a la venta ambulante mientras intentaba encontrar su lugar en un mundo adulto al que, por las circunstancias de su vida, llegó demasiado temprano.

Su adolescencia también estuvo atravesada por experiencias traumáticas.

La pérdida de dos amigos de la infancia en episodios violentos marcó profundamente esa etapa. Para Gelblung, aquellos hechos representaron el final definitivo de su niñez.

Sin embargo, en medio de esa historia personal también apareció una responsabilidad que cambiaría su vida.

La relación con su hermana Olga

La vida familiar volvió a colocar sobre sus hombros una responsabilidad inesperada cuando su hermano mayor fue enviado a Uruguay por una relación amorosa que no era aceptada por la familia.

Entonces, su hermana menor, Olga, quedó bajo su cuidado.

Ella tenía apenas 8 años.

Gelblung asumió un rol central en su crianza y esa relación se mantuvo durante toda la vida.

“La crié yo… fuimos amigos hasta el final”, contó al recordar años más tarde a su hermana.

La muerte de Olga durante la pandemia fue uno de los golpes más duros de sus últimos años.

En una emisión de Polémica en el Bar relató una escena que reflejaba la dificultad que tenía para aceptar su ausencia.

“El otro día marqué su teléfono. Lo tengo en el listado y dije ‘la voy a llamar’, pensando que estaba viva. Murió hace tres meses mi hermana”, expresó.

Luego agregó una reflexión sobre el duelo: “Necesité la ayuda del psicoanálisis para entender la muerte. Pero nadie lo supera fácilmente”.

Una carrera que dejó huella en los medios

Con el paso de los años, aquel adolescente que había abandonado su casa sin terminar sus estudios se transformó en una de las personalidades más reconocidas del periodismo argentino.

Su carrera atravesó distintas generaciones y formatos.

Fue protagonista de la prensa gráfica, dirigió revistas emblemáticas y logró trasladar su impronta a la televisión y la radio.

Su nombre quedó asociado a una forma particular de hacer periodismo: entrevistas incisivas, debates intensos, búsqueda de impacto y una permanente capacidad para detectar los temas que dominaban la conversación pública.

También fue una figura polémica.

Sus posiciones, sus métodos y su estilo generaron adhesiones y fuertes cuestionamientos. Pero incluso sus críticos reconocieron su influencia dentro de la historia reciente de los medios argentinos.

Durante décadas, Chiche Gelblung consiguió algo que pocos periodistas logran: convertirse él mismo en un personaje central de la cultura mediática.

El hombre que quería vivir 200 años

En sus últimos años, Gelblung sorprendía con una obsesión que repetía públicamente: quería vivir mucho más de lo que la biología parecía permitir.

Hablaba de la longevidad, de los avances científicos y de la posibilidad de que la medicina lograra extender radicalmente la vida humana.

Su deseo era llegar a los 200 años.

También tenía otro sueño que parecía sacado de una novela de ciencia ficción: viajar a la Luna.

No se trataba solamente de frases provocadoras. Gelblung seguía con atención los avances tecnológicos y estaba convencido de que el futuro podía ofrecer posibilidades impensadas para las generaciones actuales.

Esa curiosidad permanente fue una de las características que sostuvo durante toda su vida.

Aun después de décadas de carrera, continuaba buscando nuevos temas, nuevos formatos y nuevas discusiones.

El final de una figura irrepetible

La muerte de Chiche Gelblung deja un vacío en una generación de periodistas que construyó buena parte de la historia contemporánea de los medios argentinos.

Su recorrido estuvo lejos de ser lineal.

Fue el chico que escapó de una casa atravesada por conflictos políticos y familiares. El adolescente que trabajó en un depósito de huevos. El hermano que asumió la crianza de una niña. El hombre que no terminó el colegio y terminó dirigiendo medios de alcance nacional.

También fue un periodista capaz de generar polémicas, reinventarse y mantenerse vigente durante más de medio siglo.

Soñaba con viajar a la Luna.

Soñaba con vivir 200 años.

Finalmente, la muerte llegó antes de que pudiera cumplir ninguno de esos dos deseos. Pero dejó detrás una historia difícil de separar de la evolución del periodismo argentino.

Con Samuel “Chiche” Gelblung se va una de las figuras más singulares de los medios nacionales. Un periodista que convirtió su propia vida, marcada por pérdidas, rupturas, éxitos y contradicciones, en una historia tan intensa como las noticias que contó durante décadas.

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