8 febrero, 2026

Las billeteras digitales ya dominan el 75% de las transferencias en Argentina

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Al cierre de 2025, el ecosistema financiero argentino consolidó un cambio de paradigma: las billeteras virtuales intervienen en 3 de cada 4 transferencias inmediatas. Con un crecimiento interanual del 24% en montos reales y la explosión de los pagos vía QR, la interoperabilidad digital se convirtió en la herramienta central de supervivencia y conveniencia para el consumidor promedio.

Por Alejo Pombo

La economía argentina ha cruzado el rubicón digital. Los datos oficiales al cierre de 2025 confirman que el uso de billetes físicos ha pasado a ser una excepción frente a la hegemonía de las transferencias inmediatas y los pagos por proximidad. Según el último informe del Banco Central (BCRA), solo en diciembre se realizaron 753 millones de transferencias «push», movilizando una cifra astronómica de $88,7 billones, lo que representa un salto real del 24,4% respecto al año anterior.

El dato que termina de inclinar la balanza es la procedencia de estos fondos: el 75% de las operaciones tuvo como origen o destino una cuenta de billetera virtual (CVU). Este fenómeno ha forzado a los bancos tradicionales a acelerar su modernización para no perder su tajada en un mercado donde ya compiten 84 plataformas interoperables. La interoperabilidad —la capacidad de enviar y recibir dinero sin importar la entidad— ha democratizado el acceso, pero también ha atomizado el capital de los usuarios. Hoy, un argentino promedio administra ocho cuentas diferentes, saltando de una a otra en busca de descuentos, promociones o tasas de rendimiento diario.

El código QR se ha consolidado como el lenguaje universal del comercio. Con un crecimiento del 51,9% en el último año, las transacciones mediante esta modalidad alcanzaron los 95 millones de operaciones mensuales. Lo que comenzó como una tendencia en grandes centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba y Mar del Plata, ya es una realidad en el interior profundo. El «ticket» promedio de estas operaciones, que ronda los $20.000, demuestra que el QR ya no solo sirve para compras pequeñas en panaderías, sino que se ha convertido en el medio preferido para el pago de servicios y facturas de alto valor.

Este escenario plantea un desafío para los reguladores y las cámaras compensadoras como Coelsa, que deben garantizar la estabilidad de un sistema que procesa volúmenes récord cada segundo. La conveniencia y el beneficio financiero inmediato han derrotado a la fidelidad bancaria tradicional, configurando una «economía de clics» donde el smartphone es, definitivamente, la única billetera necesaria.

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