4 abril, 2026

EE.UU. e Israel bombardearon el corazón petroquímico de Irán

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Aviones de EE.UU. e Israel bombardearon este sábado tres complejos petroquímicos en la provincia iraní de Juzestán: Bu Ali, Bandar Imam y la Zona Especial de Mahshahr, todos vinculados al conglomerado PGPIC, que Washington considera el brazo industrial de la Guardia Revolucionaria.

Por Alejo Pombo

No son objetivos militares en el sentido clásico. Son las fábricas que producen los plásticos, los fertilizantes y los insumos de uso diario que sostienen la economía de millones de iraníes.

Este sábado, aviones de combate de Estados Unidos e Israel bombardearon tres complejos petroquímicos en la provincia de Juzestán, en el suroeste de Irán. Los blancos fueron el complejo de Bu Ali, el de Bandar Imam y la Zona Petroquímica Especial de Mahshahr, todos ellos considerados parte del conglomerado Persian Gulf Petrochemical Industries Company (PGPIC), el mayor grupo petroquímico del país. Según informaron medios estatales iraníes y la agencia Tasnim, varias instalaciones sufrieron daños.

El vínculo entre ese conglomerado y el poder político iraní no es nuevo ni disputado: el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ya había sancionado a sus filiales en 2019, al sostener que el PGPIC funciona como brazo de ingeniería del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Esa clasificación convierte a los complejos en objetivos legítimos dentro de la lógica bélica estadounidense e israelí, pero no neutraliza el impacto sobre la economía civil.

Un ataque con consecuencias que van más allá del humo

Valiollah Hayati, funcionario de seguridad de la provincia de Juzestán, advirtió a través de la agencia Tasnim que existe un «alto potencial de víctimas» tras los bombardeos. La cifra definitiva aún se desconoce.

Los ataques del sábado no llegaron solos. Apenas dos días antes, una de las mayores plantas siderúrgicas del país había sido bombardeada en Isfahán. El patrón es claro: la ofensiva no apunta solo a capacidad militar sino a infraestructura productiva. Primero el acero, ahora el petroquímico. La pregunta que empieza a instalarse en los análisis regionales es cuánto de esa infraestructura puede absorber antes de que el daño se vuelva irreversible.

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