Sociedad

Francisco pidió a sindicalistas reunidos en el Vaticano que “no se dejen corromper”

El papa Francisco pidió hoy a dirigentes gremiales de todo el mundo, incluida una delegación de más de 25 argentinos, que “no se dejen corromper”, en una carta enviada a la clausura de un congreso que se desarrolló en el Vaticano.

Asimismo, el sumo pontífice criticó la “lacra” de “los que se dicen sindicalistas y se ponen de acuerdo con los empresarios para dejar a miles de compañeros sin trabajo”.

“Les ruego se cuiden de tres tentaciones. La primera, la del individualismo colectivista, es decir, de proteger sólo los intereses de sus representados, ignorando al resto de los pobres, marginados y excluidos del sistema”, aseguró el Papa en una misiva a los participantes del encuentro de dos días en el Vaticano al que concurrió una nutrida comitiva argentina, pero a cuyo cierre Francisco finalmente no asistió.

Entre los asistentes argentinos se encontraban representantes de la Confederación General del Trabajo (CGT), de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

Por parte de la CGT estaban dos de los integrantes del triunvirato que la conduce: Héctor Daer y Juan Carlos Schmid; por la CTEP asistió su secretario general, Esteban Castro; por la CTA Autónoma, Pablo Micheli; y los dirigentes Omar Viviani, Roberto Baradel, Julio Piumato y Gerardo Martínez, entre otros.

En la carta, leída ante el auditorio, Jorge Bergoglio sostuvo que “sindicato es una palabra bella que proviene del griego dikein (hacer justicia), y syn (juntos)” y les solicitó a los dirigentes: “Por favor, hagan justicia juntos, pero en solidaridad con todos los marginados”.

“Mi segundo pedido es que se cuiden del cáncer social de la corrupción. Así como, en ocasiones, la política es responsable de su propio descrédito por la corrupción, lo mismo ocurre con los sindicatos”, advirtió el Pontífice, cuya presencia estaba anunciada para la clausura en el programa oficial del evento pero finalmente dejó a la cúpula sindical sin foto.

“Es terrible esa corrupción de los que se dicen ‘sindicalistas’, que se ponen de acuerdo con los emprendedores y no se interesan de los trabajadores, dejando a miles de compañeros sin trabajo; esto es una lacra, que mina las relaciones y destruye tantas vidas y familias”, agregó.

Al dirigirse a los participantes de más de 30 países, el Papa les pidió: “No dejen que los intereses espurios arruinen su misión, tan necesaria en los tiempos en que vivimos”, y afirmó que “el mundo y la creación entera aguardan con esperanza a ser liberados de la corrupción. Sean factores de solidaridad y esperanza para todos”.

“¡No se dejen corromper!”, les pidió Francisco en la carta que leyó, en italiano, el prefecto del dicasterio organizador, el cardenal ghanés Peter Turkson, organizador del encuentro.

“El tercer pedido es que no se olviden de su rol de educar conciencias en solidaridad, respeto y cuidado”, planteó Francisco, al cierre del evento en el que unos 300 participantes discutieron sobre “El trabajo y el movimiento de los trabajadores en el centro del desarrollo humano integral, sostenible y solidario”.

En su misiva, Bergoglio fue tajante al plantear que “el trabajo no puede considerarse como una mercancía ni un mero instrumento en la cadena productiva de bienes y servicios, sino que, al ser primordial para el desarrollo, tiene preferencia sobre cualquier otro factor de producción, incluyendo al capital”.

“De allí el imperativo ético de ‘preservar las fuentes de trabajo’, de crear otras nuevas a medida que aumenta la rentabilidad económica, como también se necesita garantizar la dignidad del mismo”, agregó a los sindicalistas y académicos reunidos por el dicasterio para el servicio del Desarrollo Humano Integral.

Además, reiteró sus críticas al actual modelo mundial “que pone al Dios dinero en el centro” y advirtió que “cuando el modelo de desarrollo económico se basa solamente en el aspecto material de la persona, o cuando beneficia sólo a algunos, o cuando daña el medio ambiente, genera un clamor, tanto de los pobres como de la tierra, que nos reclama otro rumbo.

En ese marco, apeló una vez más a su pedido de “tierra, techo y trabajo” y planteó que “este tema adquiere relevancia especial en relación con la propiedad de la tierra, tanto en zonas rurales como urbanas, y con las normas jurídicas que garantizan el acceso a la misma”.

Tras abogar por el reemplazo o relocalizacón de “las actividades de la industria de combustibles fósiles contaminantes”, convocó a “salir de una economía de mercado y de finanzas, que no da al trabajo el valor que corresponde, y orientarla hacia aquella en la que la actividad humana es el centro”.

Según relató Turkson a los participantes del encuentro, el Papa no pudo asistir personalmente al cierre del evento, ya que se encontraba ultimando los detalles del viaje que realizará la semana próxima a Myanmar y Bangladesh.

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