Costumbres extranjeras: Financiamiento colectivo

por Pablo Perel.
No voy a descubrir la ensalada de tomates, como hacen muchos que presentan como nuevo algo que en el exterior funciona hace mucho tiempo. Tampoco en esta nota voy a detenerme a especular buscando la razón por la que un hábito exitoso en el extranjero, no se practique aquí. Cada uno tendrá su teoría. Lo concreto es que voy a ocuparme del “crowd funding”, uno de los diez nombres que tiene en inglés algo que en castellano se podría llamar “Financiamiento colectivo”, una sana herramienta utilizada para financiar proyectos audiovisuales, editoriales, musicales y muchos más.

El principio es muy simple: aplicándolo al cine, por ejemplo, sería algo así como invitar a un futuro espectador a que pague su entrada antes de que la película se filme, permitiendo así reunir los fondos necesarios para la producción. Si bien este tipo de recolección de fondos tiene su origen en las colectas de caridad, el surgimiento de Internet renueva su sentido, su alcance y la rapidez en lograr resultados.
La pionera en esta utilización de Internet como herramienta de financiamiento fue la banda de rock Marillion, al lograr que sus fans de EEUU financiaran completamente una gira transoceánica mediante donaciones, y desde entonces, a través de este recurso solventaron la producción de varios álbumes e inclusive lograron con el mismo método figurar en el libro Guinness con el record mundial del DVD más velozmente agotado, grabando un concierto, editándolo en pocas horas y entregándolo al mismo publico del concierto, que ya había pagado y esperó pacientemente a la salida del show. Aunque hace ya 15 años que esta forma de financiar proyectos existe y es popularmente frecuentada en los países centrales, el tema cobra vigencia en este momento ante las declaraciones de dos directores suizos, el debutante Philippe Weibel y Sebastian Michael, que coincidieron en presentar casi al mismo tiempo sus films, cada uno el suyo, financiados a través de crowd funding. También coincidieron en afirmar en entrevistas que les resulta más provechoso solicitar el adelanto de dinero al público y beberse unas cuantas botellas de vino en lugar de pasarse fatigosas semanas de pesadilla preparando el fárrago de papelerío y documentación que requieren los subsidios federales suizos, agregando que las veces que completaron ese pesado trámite, tampoco les otorgaron subsidio alguno. Michael menciona en su relato que la idea de “Fund-A-Frame” (financie un fotograma), surgió en el Festival de Locarno. Es un sistema que ofrece como recompensa a cada donante, un fotograma del film, debidamente dedicado y autografiado por el director.
Un ingrediente básico en este sistema de donaciones es la escala de recompensas, un listado que se publica junto con el pedido de aportes, y que especifica diferentes regalos, premios o beneficios, según el monto de la donación. Por ejemplo, en general, los donantes de hasta USD 25.- reciben una carta de agradecimiento y la mención de su nombre en los créditos finales, entre USD 25.- y USD 50.-, se recibe un DVD de la película autografiado, y así van ascendiendo cifras y obsequios hasta llegar a los USD 1.000.- en que el director invita al donante a cenar y le dedica un par de horas de amena charla. Y las sumas de dinero pueden llegar a ser bastante más elevadas. El caso más notable que conozco lo vivió el excelente director israelí Yoav Shamir, que financia sus impactantes documentales utilizando el sitio IndieGoGo.com y que logró completar el capital buscado recibiendo una llamativa propuesta de ni más ni menos que Michael Moore –el célebre cineasta “de protesta” y de figura inconfundible-. Moore ofreció donarle a Shamir “un dólar por cada dólar que le donen los demás”. En otras palabras, Michael Moore se ofreció como co-productor del 50% del documental de Yoav Shamir, ya que admira sus films. Yo también los admiro. Un consejo y advertencia: ahorren tiempo y energías, porque es la única vez en su vida que Michael Moore co-producirá algo de otro director, aunque recibe cientos de propuestas mes a mes.
La pincelada exótica en esta modalidad tan poco frecuentada en Hispanoamérica, la excepción que confirma la regla, la da el gran Alejandro Jodorowsky, que utiliza YouTube en forma muy fresca y autóctona, solicitando donaciones para su próximo film titulado “La Danza de la Realidad”
El video debería comenzar diciendo “cineastas, no hagan esto en sus casas”. Pero a los que quieran ver una forma organizada, eficaz e inteligente de solicitar donaciones para producciones audiovisuales, les sugiero que visiten Kickstarter.com donde encontrarán a famosos y desconocidos exponiendo sus proyectos, una clara explicación de las reglas y una información absolutamente abierta acerca de qué propuso, qué pidió y qué consiguió cada postulante. Y como prometí al comienzo de la nota, no voy a analizar el motivo de la ausencia absoluta de donaciones privadas para producir cine en Hispanoamérica, pero sí me permito decir que me encanta la gente que puede costearse una comida en un restaurant y también paga por la cultura que consume.













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