Nuestros Oscars cotidianos: Tetsuo Lumiere

por Pablo Perel.
El reciente premio Oscar a la mejor película lo ganó “El Artista”, un film mudo, en blanco y negro, de época, y encima con guión, director y protagonista no-norteamericanos; es decir: todos y cada uno de los elementos que los expertos dirían que hay que escaparles como a la peste. Primero que nada esto demuestra que la industria del cine no tiene límites inamovibles, por más que se trate del cine de Hollywood, cine Mainstream, cine del Establishment, cine comercial, cine pochoclero, o como gusten llamarlo. ¿Se convertirá esto en tendencia o fue sólo una golondrina que no hizo primavera? Por las dudas, en Argentina tenemos desde hace años a un pionero de esta corriente: Tetsuo Lumiere.

Finalizaba la década de los años ’80, cuando en Buenos Aires, el Centro Cultural Ricardo Rojas se establecía ya como una fértil huerta donde cultivar habilidades y talentos. Los nombres de Sosa Pujato, Batato Barea y tantos otros que hoy son míticos, eran nuestras presencias cotidianas, casi compañeros de juegos. No se hacían grandes discursos sobre la cultura; se producía cultura. Pero claro, no todo era admirable ni excelso; también había mucha pose, mucho snobismo y superficialidad en torno a lo que sí era verdadero. No era difícil separar la paja del trigo, pero sí era poco menos que imposible lograr que lo superficial se pusiera al nivel de lo profundo, eso honesto y valioso que estaba al alcance de la mano de cualquiera. También había que tener cuenta que recién estaba comenzando una primavera democrática tras unos cuantos años de haberle descolgado el teléfono al resto del mundo. Se instalaban como vanguardia, tendencia, moditas y corrientes, ciertos hechos culturales malamente importados del exterior, con años de atraso, cuando ya habían fenecido y sido superados, sin haber sido siquiera entendidos en su contexto y sin darles la menor chance de encontrar un sustrato genuino en la cultura real de los argentinos. Era la urgencia por recuperar el tiempo perdido, eran los resabios de los tiempos de la dictadura, cuando en Londres surgía el punk como una manifestación política, ideológica, vomitada sobre el sistema, y aquí era publicado en la insípida revista dominical de un matutino autodenominado “gran”, y que hablaba de “la moda punk”, reduciendo todo un cuerpo de ideas, arte y toma de posiciones, a una torerita y unos cinturones de cuero negro con tachas, sólo para mujeres, por supuesto.
Ya ingresando a los primeros años ’90, surge un fervor por el director polaco Krzysztof Kieślowski, y por sobre todas sus obras, la “Trilogía: Bleu, Blanc, Rouge” conformada por tres bellas películas, tituladas cada una con los colores de la bandera de Francia. Casi automáticamente se escuchaban voces por los pasillos del Rojas a toda hora que decían: “Voy a hacer una trilogía”, “Estoy escribiendo una trilogía”, naturalmente dicho por chicos y chicas que todavía no habían hecho ni un solo film. El chiste con el que les contestaba era casi obvio: “-Como lo vas a hacer acá en Argentina, las tres películas se van a llamar, la primera “Celeste”, la segunda “Blanco” y la tercera “Celeste…”. Cuento esto para ejemplificar cómo un éxito se transforma en tendencia de la noche a la mañana, aún constituyendo el más estrambótico de los absurdos. Esto es lo que me temo que ocurrirá tras el Oscar a la película “El Artista”.
Por eso, antes de que llegue esta posible Nueva Ola, quiero destacar que en Argentina tenemos a un creador, director, actor, guionista, que escribe sus películas, las dirige, las edita, y son en su mayoría en blanco y negro, y mudas, al igual que Michel Hazanavicius, el director de la película ganadora del Oscar; pero además, este director argentino protagoniza como actor sus películas, que son muchas. Se llama Tetsuo Lumiere, y la diferencia es que viene haciendo esta clase de films desde hace bastante más de 20 años.
No voy a dedicarme aquí a hablar de la extensísima filmografía de Lumiere, ganador del premio a Mejor Película Argentina en el Festival de Cine de Mar del Plata 2009, dos veces Premio JVC al Mejor Video de Humor en Tokyo, Japón, y tantos galardones más, y que aún no ha logrado tener ni estrenos masivos en salas de cine ni en la TV local, amargo bocadillo que tanto Lumiere como yo conocemos bien, pero sí quiero que conozcan al menos la existencia de este artista que una vez, iniciándose el año 1990, se apareció en un aula del Centro Cultural Rojas, vestido con pantalones de hule color fucsia, una camisa cuadriculada y el pelo teñido de color naranja, con un cassette de video VHS en su mano, para ver si yo lo aceptaba en mi curso como alumno. La película que trajo, su ópera prima de verdad, se titulaba: “El Extraño Caso de la Estudiante de Metafísica Acucharada”.
Para los que sientan curiosidad por conocer la obra de Tetsuo Lumiere, pueden visitar el sitio web http://www.TetsuoLumiere.Com y además de recorrer su obra, a partir del martes 6 de marzo podrán ver online en forma gratuita, el estreno de su nueva serie titulada: “La Gente es lo Peor Que Me Pasó en la Vida”, que según anticipa el propio Lumiere, es “un programa hecho desde la desesperación, desde la bronca y desde el resentimiento más profundo.” Que lo disfruten.













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