El Cine Siempre Paga

03 de febrero de 2012:
Esto es lo que yo y mucha gente nos preguntamos a diario, parafraseando la conocida frase de “El crimen siempre paga” –aparentemente más antigua que Chandler, al que se le atribuye la autoría. ¿El cine siempre paga? ¿Es un buen negocio el cine o eso vale sólo para los grandes estudios de Hollywood?
De las tres instancias de la industria cinematográfica –Producción, Distribución y Exhibición-, la pregunta acerca de la rentabilidad del cine no-hollywoodense se realiza en dos foros diferentes: el de Producción y el de Exhibición, y de manera diferente en cada caso; para los productores la pregunta es: “¿Se puede ganar dinero haciendo una película?” en tanto que los exhibidores se cuestionan: “¿Es negocio tener un cine?”.
Para los productores hay un cúmulo de experiencia histórica disponible, aunque resulta lamentable que una gran cantidad de ellos la ignoran o le dan la espalda, sobre todo en los casos de los más noveles, aunque esto sea independiente de la edad biológica, pero también en muchos casos el desconocimiento se da por ego manía o por miopía ideológica. Como escribió y cantó el gran Luis Alberto Spinetta en su tema “Estado de Coma”: Lo que está y no se usa, nos fulminará.
Hay una regla de mercado que, sí, proviene de Hollywood, como tantas otras cosas, y que se remonta a los primeros años que sucedieron a la caída del Star System, o lo que es lo mismo, al surgimiento de la televisión. Esta regla de más de medio siglo de edad, es aplicable a cualquier cinematografía y a cualquier mercado cinematográfico del mundo, y fue y sigue siendo comprobada y ratificada año tras año. La regla dice: “De cada 10 films que se estrenan, 5 pierden, 3 empatan y 2 ganan.” Así de contundente y así de simple: la mitad de las películas que se producen y llegan a las salas cinematográficas –que no son todas- no llega a recuperar la inversión, un tercio logra recuperar lo invertido pero no deja ganancias y una quinta parte resulta buen negocio. El hecho más destacable de los centenares de conclusiones que podemos aprender de esta regla, es que ese 20% de films que dan ganancias, generan suficiente dinero como para compensar al otro 80% que no cumplió con las expectativas comerciales de los productores.
Una de los hechos que más me llama la atención a lo largo de los años es que cuando menciono esta regla tan antigua y que no es ningún secreto en la profesión, ante aulas o grupos de realizadores y productores, miran con los ojos abiertos de par en par y toman nota febrilmente como si les estuviera revelando la ubicación exacta del Santo Grial. Lo que no me llama la atención es que una vez sabida esta ecuación, es equivalente a poseer la Fórmula Áurea del negocio de la producción. La regla enseña algo muy simple, al menos en el terreno conceptual: hay que producir las películas de a diez, y así es virtualmente infalible ganar.
Claro, llevando lo planteado al terreno práctico y al cine independiente, todos sabemos lo extraordinariamente difícil que resulta conseguir la financiación para una sola película, con o sin subsidios. Entonces, ¿cómo vengo yo a plantear siquiera que hay que producir de a diez films? Es aquí donde debemos dejar reposar un rato la inteligencia ego maníaca y poner en funcionamiento la inteligencia colectiva. Si diez productores reunieran sus esfuerzos individuales para conseguir fondos para producir cada uno su película aislada, se asociaran y aunaran esfuerzos desde la financiación misma de los desarrollos de proyectos, no sólo reducirían significativamente sus costos de producción, sino que en una misma acción garantizarían cumplir la regla de oro de las ganancias en el cine y esto sí sonaría convincente a los oídos de inversores, fondos, bancos y compañías de seguros. Hollywood no hace nada muy diferente.
Queda pendiente la segunda pregunta, la de los exhibidores, si es buen negocio poseer una sala cinematográfica. Prometo tratarlo en una próxima nota. Pero al menos, hasta aquí, los productores ya son poseedores del Secreto del Santo Grial. Esperemos que sepan llegar a él.

por Pablo Perel.













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