¿Quién le teme a la televisión digital?

Usted se encuentra en su casa, se sienta lo más comodamente posible en un sillón, silla o taburete, o tal vez se recueste en su cama, y enciende el televisor. A partir de ese momento, sin tener plena conciencia de ello y casi sin advertirlo, usted porta en una de sus manos un arma poderosa y despiadada que hace temblar a empresas multimillonarias y a empresarios influyentes y glamorosos: el control remoto.
Desde el preciso instante, medio siglo atrás, en que alguien entendió que las tarifas publicitarias, y por ende los ingresos de un canal privado de TV dependían linealmente de la audiencia que tuviera su pantalla, la actividad televisiva se convirtió en una de las más ferozmente competitivas de la civilización humana; un hecho sólo comparable quizás, a la competencia entre machos mamíferos por ganar la supremacía sobre la manada, llegado el momento de procrear. Estas luchas instintivas se fueron ganando a fuerza de golpes bajos y de trucos sucios de pugilato, más que por haber puesto en práctica técnicas caballerescas. Los resultados de estas contiendas le dieron a la televisión el no poco merecido apelativo de “la caja boba”.
Los canales de televisión pública y las señales de cable TV fueron parcialmente inmunes a esta lucha instintiva, generando producciones inelectualmente más ambiciosas y con mayor respeto hacia la inteligencia del espectador.
Hace pocos días, en el marco del FyMTI (Festival y Mercado de la TV Internacional de Ficción), celebrado en Buenos Aires, nos contaba Charo Calvo, renombrada directiva del grupo Antena 3 de España, que en Europa ha comenzado la decadencia y retirada de los reality shows debido a que el público “ya siente asco de sí mismo al ser espectadores de esa clase de televisión”.
Por otra parte, el domingo pasado un conocido columnista de un centenario matutino porteño publicó una nota en la que vaticinaba el fracaso más rotundo a las producciones resultantes de los concursos de la TV Digital Argentina, basándose en una incongruente ecuación entre rating, mercado internacional y calidad.
No es interesante analizar dicha nota, pero sí observar que mientras una voz afirma que la tendencia de las plateas televisivas es apartarse del atontamiento degradante, la voz del otro augura un futuro desolador a quien se abstenga de producir televisión basura.
El artículo 53 de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522 habla de promover la “producción de contenidos audiovisuales nacionales para todos los formatos y soportes, facilitando el diálogo, la cooperación y la organización empresarial entre los actores económicos y las instituciones públicas, privadas y académicas, en beneficio de la competitividad”. Aquí aparece la palabra clave del momento: competitividad.
Pareciera que ser competitivo hoy no consiste en ver quién se desnuda más rápido y dice más guarangadas por minuto, sino que el favor del público y de los mercados tiende a inclinarse hacia popuestas más enriquecedoras.. Es verdad que a las producciones de la TV digital les falta tiempo de maduración y crecmiento, son apenas recién nacidas, pero más cierto aún es que la gente se ve cada vez menos representada por los que se exhiben adentro de una caja boba.

por Pablo Perel.













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