Elecciones 2011: ¿Se acabó?



Por Pedro Henestroza para M24Digital

 

15 de agosto de 2011

 

Cristina Fernández de Kirchner ganó con completa certeza las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Las mismas pasaron de ser una mera “encuesta electoral” a una aplanadora para el camino que queda hacia octubre.

Se le dio todo para el Frente para la Victoria. No sólo obtuvo el aval de más de la mitad de los votantes, sino que, encima, los opositores estuvieron parejos (Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde sacaron más o menos mil votos de diferencia), por lo que el voto netamente anti-oficialista no podrá canalizarse en un candidato en particular.

Como si no fuera eso suficiente, ganó una (ahora módica) batalla contra algunos medios que denostaban el proceso de las elecciones Primarias, que eran la posibilidad (frustrada por los partidos) de definir las internas entre todos. Fue la mayor participación en una elección desde la crisis de confianza en 2001.

Si tuviera que ponerme valorativo con lo ocurrido el domingo, diría que existió una decisión visible en el nivel de vida general, y destacaría el progreso de algunas fuerzas de izquierda y centroizquierda. En un momento en el que se aseguraba al electorado que el kirchnerismo corría la posibilidad de desaparecer o persistir, asustada la gente por la posibilidad de un cambio incierto ante una continuidad segura, se afirmó la decisión de continuar un rumbo que, con errores, con desaciertos, demostró generar mejores condiciones de vida para la amplia mayoría de la población.

Hay que hablar de este “conformismo” con los oficialismos, porque no me parece que se trate de algo estático. Uno no vota por como vive en la actualidad, vota por el proceso que lo llevó a la situación en la que se encuentra y, sobre todo, porque considera posible que dicho proceso lo lleve a mejorar aún más su condición.

Es, la elección de Cristina Kirchner, una muestra de que existe un reconocimiento a ese proceso de cambio que realmente parecía inexistente en las 3 últimas votaciones distritales (Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe), y preocupaba principalmente por el avance de sectores de derecha y centroderecha.

También es muy importante el porcentaje que obtuvo otra propuesta política, la del Frente Amplio Progresista. Allí, sectores peronistas, anti peronistas, marxistas y socialdemócratas se unieron para intentar plasmar, por primera vez en un buen tiempo, una forma de construcción que sepa ser crítica pero que reconozca (aunque creo que en la parte de reconocer falta un poco, pero viene mucho mejor que otras fuerzas igual) algunas actitudes y políticas impulsadas en los últimos 8 años.

No va a quedar sin nombrar -porque me parece muy gracioso- el milagro que logró Altamira. Con una campaña bastante apolítica, o a lo sumo lejana del ideal de la izquierda revolucionaria, consiguió más votos que las últimas dos elecciones juntas. Un 2,4% que seguro que va a desaparecer en octubre (la misericordia tiene su límite), pero por suerte la posibilidad de que un espectro político se exprese.

Con todo esto, sumando, según mi consideración, los argentinos y argentinas que critican las corporaciones, la distribución económica, la injusticia social, la desigualdad, la (aún, no seamos soberbios) falta de soberanía en varios aspectos, en fin, la centroizquierda argentina, logró 60% de los votos. Un resultado que jamás hubiéramos pensado posible hace 2 semanas, cuando en Córdoba la derecha obtenía casi 70 puntos.

Nos demuestra ésto que las encuestas fracasan, pero no dejan de ser un instrumento para medir con realismo la opinión general, y que en estas elecciones se votaron cargos y personas por capacidades y proyecciones al futuro. Es por eso que Binner sacó menos votos en Santa Fe que su delfín, Bonfatti. Es por eso que Cristina superó a Daniel Filmus en Capital. No alcanza con una fuerza política para demostrar capacidad y eso es algo que los votantes y los militantes debemos cuestionarnos.

¿Por qué es que algunas personas nos parecen mejores que otras, cuando pertenecen a la misma fuerza política? ¿Por qué no nos importa la composición de una alianza o un frente y sí la experiencia de su referente?

Se acabó la incertidumbre en la Argentina. Cristina Fernández de Kirchner gobernará este país durante los próximos 4 años, con más o menos votos (depende de si existirá soberbia o no por parte del kirchnerismo). La centroizquierda seguramente se afianzará en el parlamento. Lo que no terminó es la discusión política y el avance que tenemos que tener a la hora de formar nuestro voto y nuestra opinión. Esa es una cuestión que hay que analizar para octubre y modificar en los años venideros para seguir mejorando la democracia.

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