“Una sociedad conflictiva no se soluciona bajando la edad de imputabilidad de los menores”

22 de Enero de 2011

Por Miguel Ángel Pierri para Momento 24

La presencia de una sociedad más conflictiva, producto de la exclusión y la marginalidad que han sometido modelos socioeconómicos que aún estamos ayudando a resolver, no se soluciona bajando la edad de imputabilidad de los menores.

Es cierto que se verifica una ascendente participación de menores en el ámbito de criminalidad juvenil, pero también es cierto que los indicadores de los departamentos de política criminal expresan que los delitos cometidos por menores no son los mas significativos, mas allá de la amplificación que se le da frente a la opinión pública.

El conflicto está, es serio y por eso se ha dotado a los jueces de las herramientas para que aquellos, que se relacionan con el sistema penal, reciban la respuesta efectiva del Estado. Cumplir con la ley, no es garantismo, es poner en función del ciudadano el legítimo derecho a ser protegido por el Estado y todos sus estamentos, en definitiva, a vivir una vida mejor.

Nadie puede hacer campaña política con temas tan sensibles y complejos. La sujeción de un menor a proceso, no puede surgir de una ecuación antojadiza, hoy se pretende que sea a los 14 años, mañana a los 12 y ¿después que?

En el mientras tanto… el hoy, el Estado y los jueces de la democracia tiene potestad suficiente para que aquellos que han vulnerado la ley y el orden social pretendido, reciban inmediata respuesta. El tema en cuestión es dónde, en qué lugares y cuál es el fin de la sanción. Los menores merecen un tratamiento especial, en institutos especiales, que cumplan realmente con el fin resocializador del reproche que la ley provee.

Qué conducta se pretende de aquellos menores, que vieron a sus padres perder sus trabajos, sus ahorros, los esfuerzos de mucho tiempo a través de los modelos excluyentes que se aplicaron en nuestro país por más de 26 años, durante los cuales vivimos el país del “pasamanos, la especulación, la frivolidad, y la decadencia sociocultural de nuestros conciudadanos”.

Es cierto que cuando el legislador trató la materia de menores en las leyes penales, otra era la realidad social, había otra minoridad, otra penetración comunicacional, etc. Hoy los menores,desde mi óptica, casi fueron lanzados a la criminalidad, con una ausencia manifiesta del Estado.

Además de mejores y más profesionales fuerzas de seguridad, equipadas, formadas profesionalmente y imbuidas de un prestigio insospechable, hace falta más inclusión, una seria inversión en educación como herramienta para el desarrollo, y un poder judicial comprometido con esos objetivos. Aquí no se trata de andar criminalizando a la pobreza y a la marginalidad, cuando los grandes negociados, las mayores estafas financieras, las máximas conductas corruptas, se están verificando en causas donde se investigan medicamentos truchos: que matan, o ajusticiamientos de personas con vinculación indirecta o directa con personajes del ámbito político. Los menores merecen un tratamiento justo, eficiente, hay que restablecer la esperanza, dignificar sus hogares; mucho se hizo en los últimos años y mucho más  falta por hacer.

Me he cansado de escribir y decir: “Vivir en un país seguro, con una niñez nutrida y protegida, con familias dignificadas, con posibilidades der sostenerse y ver crecer a sus hijos en una sociedad más justa, fuerzas de seguridad admiradas por sus semejantes, jueces insospechados, independientes, probos, que los hay por miles, una red social para aquellos que van necesitando la respuesta del Estado, una vejez asistida, que disfrute un seguro descanso después de haber contribuido a la construcción social”.

Eso no es ni de derecha, ni de izquierda. Por todo ello no estoy de acuerdo con la baja de imputabilidad a los menores. Es realmente grave e indigno, que frente a un año electoral, se haga política partidaria con un tema tan serio y sensible.

Para ilustrarlos: Ayer venía con mi auto por una calle de Barra de Tiyuca, Rio de Janeiro, y al llegar al cruce con otra calle, 3 jóvenes se pusieron delante de mi auto, pensé lo peor. Entonces los tres levantaron sus remeras mostrándome sus torsos, una vez terminada esa acción sacaron tres pequeñas pelotas de color y comenzaron hacer malabarismos… Qué locura, ¿no? Primero me demostraron que no querían robarme o no portaban armas y después hicieron malabares. Para reflexionar.

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